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(428) LA NASA ALQUILA CABO CAÑAVERAL

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Pablo Pardo | Washington

El Centro Espacial Kennedy, situado en Cabo Cañaveral y desde el que EEUU ha lanzado las 165 misiones espaciales tripuladas de su Historia, se alquila.

El año pasado acabó el programa del transbordador espacial y la NASA no sabe qué hacer con todas las instalaciones que tiene.

El Congreso, controlado en parte por la oposición republicana, no ha aprobado los fondos pedidos por Barack Obama para transformar la estación espacial en un centro de investigación público-privado sobre nuevas tecnologías, energía y espacio.

Y ahí están las inmensas instalaciones que enviaron al ser humano al espacio exterior condenadas a pudrirse salvo que alguien decida usarlas.

Y eso es lo que la NASA quiere.

La agencia espacial estadounidense ha colgado el cartel de “SE ALQUILA” a, entre otros activos, una pista de aterrizaje de 5 kilómetros de longitud y los dos monstruosamente grandes vehículos (cada uno pesa 3.700 toneladas) que transportaban los transbordadores por el trayecto de 8 kilómetros, desde los hangares (que también buscan algún ocupante) a la torre de lanzamiento LC-39A (asimismo en busca de arrendatario).

Igual que el mayor almacén del mundo: un rectángulo de 160 metros de alto, 220 de largo y 170 de ancho. En él se preparaba al transbordador para el lanzamiento.

El problema es que nadie en su sano juicio puede querer eso, salvo como set para una película de Hollywood.

Y hoy en día, con la proliferación de los decorados por ordenador, parece improbable que James Cameron vaya a necesitar a Cabo Cañaveral para la segunda parte de “Avatar”.

Porque, además, el Centro Espacial Kennedy se levanta en un lugar de una espectacular belleza natural.

Cabo Cañaveral es una inmensa marisma en la que la actividad de la NASA y de una vecina base de la Fuerza Aérea apenas han provocado ninguna alteración.

Las medidas de seguridad han creado una enorme área totalmente libre de actividad humana, y el autor de estas líneas ha visto -mientras esperaba, aplazamiento tras aplazamiento que los trasbordadores salieran al espacio- caimanes, delfines y tortugas marinas. De hecho, una de las normas de seguridad de la NASA es que los periodistas no se acerquen al borde del agua, por si algún caimán decide comerse a un informador.

Así, las propiedades vacantes de la NASA son un nuevo caso de locales vacíos en Florida, el estado -junto con Nevada y Arizona- más afectado por la explosión de la burbuja inmobiliaria. Su ocupación parece que va a ser muy difícil. Pero, al menos, el ejemplo de Estados Unidos podría ser copiado en España.

En este país de aeropuertos fantasma, ciudades de la cultura a medio terminar, autopistas que nadie usa y hasta una ciudad sin gente (Seseña), tal vez podamos encontrar a alguien a quien alquilarle algo de eso.

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