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(1059 ) JAPÓN NO ES PAÍS PARA VIEJOS

En Japón, la población está envejeciendo a pasos agigantados: tanto que casi no hay recursos para atenderlos. Ante el desamparo en el que viven, algunos ancianos toman decisiones desesperadas… como ir a la cárcel
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Eve Gandossi

A pesar de su frágil salud, Reiko Sato camina con determinación por las calles de Yubaru, una localidad de 9.000 habitantes. El frío del invierno le hiela sus huesos octogenarios, pero no tiene otra opción. su marido ha muerto y con la pensión de 730 euros al mes apenas le llega para sobrevivir. Así que esta antigua esteticista se ve obligada, a sus 82 años, a tener varios trabajos para ganar unos euros más. Yubaru es la ciudad más envejecida de Japón: uno de cada dos vecinos tiene más de 65 años. También tiene la mayor deuda en todo el archipiélago desde el cierre de la última mina de carbón, en 1990. Pero Yubaru lucha por ser la población más ejemplar del país. Su alcalde, el carismático Naomichi Suuki, de 40 años, decidió que su salario tan solo iba a ser de 2000 euros al mes, el más bajo de todos los alcaldes del país. Su prioridad: que los residentes ancianos vivan sus últimos días con dignidad.
  

En el asilo Togo, en Nagoya, varios ancianos juegan con Smiby, un bebé-robot que contribuye a la mejoría de los pacientes que sufren demencia senil

Yubaru es un microcosmos del futuro de Japón: el país más lóngevo del planeta que, además, vive un rápido proceso de envejecimiento. En 1975, su población era la más joven de la Organization for Economic Co-operation and Development (OCDE), con un 8% de mayores de 65 años. Hoy los ancianos representan el 27% y en 2050 supondrán el 41%.
«Por primera vez en nuestra historia, las ventas de pañales para adultos han superado a las de pañales para bebés», anunció recientemente Unicharm, el principal fabricante japonés de productos para la higiene personal.

La esperanza de vida
Con una tasa de natalidad de 1,43 niños por mujer, la renovación de las generaciones no está garantizada. Además, los inmigrantes solamente suponen el 1,4 de la población del país, y es que Japón es una de las sociedades más cerradas del mundo.
En esta dinámica, en 2013, el vice primer ministro de Economía, de 73 años, llegó a decir:
«El problema de los gastos enormes que conlleva la tercera edad tan sólo va a resolverse cuando los incitemos (a los ancianos) a darse prisa en morir».

Así que, si no eres una especie de tesoro nacional viviente, una figura reverenciada o un ministro, el pelo se te vuelve blanco de golpe en cuanto escuchas las noticias. La única perspectiva es seguir trabajando hasta que no puedas más.
Entre los 126 millones de japoneses, la cuarta parte de la mano de obra ahora es mayor de 65 años. Como promedio, el japonés deja de trabajar a los 69.

En Tokio, no es raro tropezarse por las noches con personas mayores vestidas con uniformes. Son algunos de los trabajos que se reservan a los ancianos y por los que pagan poco dinero
Seguir trabajando, en cualquier cosa, es para la mayoría de los japoneses una necesidad. Sobre todo hoy, cuando ya no pueden contar con los hijos y nietos que en el pasado vivían bajo el mismo techo. La tercera economía mundial ha dado la espalda a determinados valores confucianos en favor de una dinámica social individualista, como en el resto del mundo occidental.
“El problema tan solo se resolverá cuando incitemos a los ancianos a morir”, dijo el viceministro de economía nipón

Los más acomodados siempre pueden irse a vivir a residencias de ancianos, aunque las listas de espera son largas: 520 mil  personas están esperando una plaza. Pero quienes han tenido unos salarios modestos se encuentran con graves dificultades.
  
 Pepper es un robot de servicio. Es tan capaz de dirigir una sesión de gimnasia como de mantener una conversación. Se estima que en 2035 la industria robótica facturará 80 billones de euros, diez veces más que hoy

En el país se dan más suicidios entre los sexagenarios que entre cualquier otro grupo de edad. No pasa una hora sin que se descubra un nuevo caso de kodokushi (‘muerte solitaria’). Todos los años se descubren 30 mil cadáveres (dos terceras partes, mayores de 60 años) semanas y hasta meses después de morir.

A la desesperada
La muerte no es la única salida desesperada. Es el caso del señor K., de 80 años, quien se jubiló hace siete. Actualmente está interno en la cárcel de Onomichi y ha pasado casi toda su jubilación entre rejas. La razón de su detención: el robo de un poco de sushi. Reincidente en este tipo de pequeños delitos, fue condenado a pena de cárcel.
«Aquí les dan de comer, tienen un techo, cuidan de ellos… Muchos ancianos cometen pequeños robos para que los manden a la cárcel», explica Akiko Sasaki, trabajadora social en el centro de reclusión de Onomichi, una prisión donde sólo hay ancianos.

Japón ha dado la espalda a los valores tradicionales de respeto a los mayores y se ha apuntado al individualismo occidental.
Desde 2013, las cifras de delincuencia senil superan a las de delincuencia juvenil.
«Prefieren la cárcel para sentirse menos solos, hacer amigos y para recuperar la disciplina personal, perdida después del retiro».
El desafío en Onomichi no es impedir las huidas, sino convencer a los reclusos de que se marchen… para no volver.


La cárcel, una salida a falta de asilos
En las celdas de la cárcel de Onomichi, tan sólo hay ancianos. Muchos reclusos se desplazan al taller con un andador ortopédico. Una vez allí trabajan ocho horas al día, sin más interrupción que la de un almuerzo que discurre en profundo silencio. Desde 2013, las cifras de delincuencia senil superan a las de delincuencia juvenil. Muchos ancianos reinciden en pequeños delitos para ser encarcelados y así poder sobrevivir.


El 40% del consumo nacional
El mercado geronto-tecnológico mueve 692 billones de euros en Japón y está en crecimiento constante. En la imagen unos ancianos prueban un baño con un washlet para personas mayores, el Rolls-Royce de los retretes, que, entre otras cosas, puede analizar la orina. Los mayores de 65 años suponen el 40 por ciento del consumo nacional.

El envejecimiento inteligente
El centro comercial de Kasai, en Tokio, se construyó específicamente para la gente mayor. Los pasillos son más anchos; las escaleras mecánicas van más lentas; hay una tienda de robots, funerarias de diseño…
«Ha llegado la hora de poner fin a la imagen negativa de la tercera edad», insiste Hiroyuki Murata, autor de best sellers para los que peinan canas.

Este promotor del «envejecimiento inteligente» ha importado de Texas el concepto Curves: gimnasios para las mujeres maduras. Es todo un éxito. ya tiene 740 mil socias.


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