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(1072) GASTAR DINERO EN "COMPRAR TIEMPO" NOS HACE MÁS FELICES

www.tendencias21.net


Las personas que destinan parte de su dinero a comprar tiempo libre se sienten más felices, según un estudio. Lo consiguen pagando a otros para realizar las tareas domésticas o desagradables, un efecto que es independiente de la profesión o del nivel de ingresos. Sin embargo, la mayoría no compra tiempo y muchas veces prefieren realizar por sí mismos lo que no les gusta.

Foto: Cafe Credit

Un estudio ha descubierto que las personas que gastan dinero para tener más tiempo libre tienden a ser más felices y optimistas en la vida.  El estudio, publicado en PNAS, revela que las personas que compran tiempo pagando a otras para que hagan las tareas domésticas cotidianas o funciones desagradables, se sienten más felices.

Y esto no pasa sólo a la gente con dinero, ya que el estudio consultó a más de 6 mil personas de Estados Unidos, Dinamarca, Canadá y los Países Bajos, con diferentes ingresos y profesiones, aunque omitiendo a las que se encontraban en una situación de pobreza extrema.

El estudio, dirigido por investigadores de la Universidad de Columbia Británica y la Escuela de Negocios de Harvard, sugiere que el uso de dinero para comprar tiempo libre  -como pagar para delegar tareas domésticas-  está asociado a una mayor satisfacción con la vida.

Los investigadores preguntaron a los encuestados cuánto gastaban cada mes para comprar tiempo libre.
También evaluaron su satisfacción con la vida, y formularon preguntas sobre sentimientos de estrés en el tiempo.

Los encuestados que gastaron dinero en comprar tiempo manifestaron una mayor satisfacción con la vida.

"Los beneficios de comprar tiempo no son sólo para la gente rica", dijo la profesora de psicología de UBC y autora principal del estudio, Elizabeth Dunn, en un comunicado de la Universidad de la Columbia Británica.
"Pensamos que los efectos sólo podrían darse en las personas con altos ingresos, pero para nuestra sorpresa, encontramos los mismos efectos a través de personas con diferentes niveles de ingresos", añade Dunn.

Para probar si el tiempo de compra realmente causa mayor felicidad, los investigadores realizaron un experimento de campo:
Sesenta adultos fueron asignados al azar para gastar  40 dólares en una compra de ahorro de tiempo en un fin de semana, y otros 40 dólares para compra de material en el siguiente fin de semana.

Los resultados revelaron que las personas se sentían más felices cuando gastaban dinero en una compra que ahorraba tiempo, que en una compra de algo material.
La mayoría de los participantes afirmaron además que sus compras de tiempo habían disminuido el estrés y les habían hecho sentirse más felices que cuando compraron algo, aunque fuera un capricho.

Pocos optan por comprar tiempo
A pesar de los beneficios, los investigadores se sorprendieron al descubrir que, en la vida cotidiana, pocas personas eligen gastar su dinero en compras que ahorran tiempo.
Incluso, en una muestra de 850 millonarios que fueron encuestados, casi la mitad informó que no gastaría su dinero en subcontratar tareas desagradables.

Otra encuesta con 98 adultos a los que preguntaron cómo gastarían un ingreso inesperado de 40 dólares, también reveló que sólo el dos por ciento lo usaría de una manera que les ahorrara tiempo.

Muchos estudios han demostrado que la gente se beneficia de comprar experiencias agradables, pero nuestra investigación sugiere que la gente también considera la posibilidad de no pagar para evitar hacer aquello que no le agrada, explica Dunn.

"Aunque el tiempo de compra puede servir como un amortiguador contra las presiones del trabajo y de la vida diaria, pocas personas lo hacen, incluso cuando pueden permitirse el lujo", dijo Dunn.
"La investigación ha demostrado:
·        que la gente se beneficia al comprar tiempo y evitarse las tareas domésticas, y, al mismo tiempo,
·        que la gente muchas veces también  prefiere hacer esas tareas por sí mismas.”

Referencia
Buying time promotes happiness. PNAS, doi: 10.1073/pnas.1706541114





(56) A BRIEF HISTORY OF THE "KWIK LOK" CLOSURE

Eric Grundhauser
www.atlasobscura.com

Most of the world’s bread clips are made by a single company. Everybody knows the bread clip.


BREAD CLIPS! CONSIDER THEM FOR a moment, if you will.
·        They’re those flat pieces of semi-hard plastic formed into a sort of barbed U-shape  —you know the ones.
·        They can be found keeping bread bags all over the world closed and safe from spoilage, smartly designed to be used and reused.
·        They’re all around us, constantly providing an amazing service, and yet still, they’re taken for granted.
·        And it turns out they’re almost exclusively all produced by a single, family-owned company.

Kwik Lok, based in Yakima, Washington, has been manufacturing these little tabs ever since their founder whittled the first one from a credit card.
Without giving specific numbers, Kwik Lok says that they sell an almost unimaginable number each year. “It’s in the billions,” says Leigh Anne Whathen, a sales coordinator for the company, who says she personally prefers plastic clips to their natural enemy, the twist tie, because they last longer.

Floyd Paxton, Kwik Lok’s founder, was a second-generation manufacturing engineer who began his career working alongside his father, Hale, producing nail machines during World War II.  Prior to the post-war plastics boom, both Paxton and his father produced, among other things, the nails used to close wooden boxes of fruit. In other words, package sealing was in Paxton’s blood.

According to the Kwik Lok website, the idea for the bread clip came to Paxton during a flight in 1952. As the story goes, while he was on the plane, Paxton was eating a package of complimentary nuts, and he realized he didn’t have a way to close them if he wanted to save some for later. As a solution, he took out a pen knife and hand-carved the first bread clip out of a credit card (in some tellings, it was an expired credit card).
  

Bread clips forever

From this humble beginning, the bread clip as we know it was born. As the use of polyethylene bags to package fruit and other foods rapidly increased, Paxton realized that he’d invented a cheap, reusable solution to sealing open-ended bags. His simple invention required minimal dexterity to operate and did not require stressing the piece, allowing it to rival twist-ties and sticker tags.

Paxton established the Kwik Lok Corporation in 1954 in California, and quickly set out to popularize the tabs (now known officially as Kwik Lok Closures) by using them to close bags of apples.
The company eventually moved to Washington state, where their headquarters are still located.

Kwik Lok continued to grow over the decades as did demand for their little clips, which became popularly known as “bread clips” or “bread tabs.”
Paxton eventually began developing new packaging machinery, including ones to manufacture Kwik Lok Closures, and one to put them on the bags automatically, which Whathen says they still sell to bakeries.

According to Whathen, Kwik Lok secured a patent on their little innovation in the early days of the company, and to this day, Kwik Lok remains one of the only manufacturers of bread clips in the world.
Whathen says that the only other firm she’s aware of is a European competitor called Schutte. Kwik Lok also has the distinction of still being owned by Paxton’s descendants.
Floyd’s son, Jerre, ran the company until his death in 2015, and today it is owned by two of Jerre’s daughters. “We’re still going strong,” says Whathen.

Kwik Lok operates two factories in the U.S., plus manufacturing plants in Canada, Australia, Japan, and Ireland. Far from the hand-crafted clip that Paxton made on that airplane, the company now offers just about every variation of the closure one might want.


As for Floyd Paxton himself, he died in 1975, spending much of the last years of his life promoting his strict conservative politics as a member of the John Birch Society, including mounting four unsuccessful congressional campaigns. But his politics aside, Paxton’s invention is as widespread as it has ever been, finding its way into the lives of nearly every strata of society, everywhere on the globe. 

(1071) LA FLORA INTESTINAL AFECTA A LOS PENSAMIENTOS Y LAS EMOCIONES

www.tendencias21.net

La flora intestinal no sólo afecta a nuestra salud física, sino también a nuestros pensamientos y emociones, ha descubierto un estudio. La composición de la flora se refleja en el volumen de las zonas cerebrales implicadas en el tratamiento de informaciones complejas y en la memoria, e influye asimismo en el comportamiento humano.

La flora o microbiota intestinal está integrada por el conjunto de bacterias que viven en el intestino, desempeñando la mayoría de ellas un papel beneficioso para la salud, ya que ayudan a la absorción de nutrientes y son imprescindibles para la síntesis de determinados compuestos, como la vitamina K y otras del complejo B.

Se calcula que el ser humano tiene unas 2 mil especies bacterianas diferentes, de las cuales solamente 100 pueden llegar a ser perjudiciales. La flora aglutina a todas las bacterias del sistema gastro-intestinal y constituye la mayor reserva de microbiota de todo el organismo humano.

Esta investigación ha identificado relaciones entre dos tipos de flora y su incidencia sobre algunas respuestas emocionales en los seres humanos. Según los autores de este estudio, se trata de la primera demostración empírica de la relación entre diferentes comportamientos humanos y la composición microbiana de seres humanos sanos.

Hasta ahora, la mayoría de las investigaciones sobre la influencia de los organismos intestinales sobre las emociones se habían efectuado en animales. Se ha comprobado por ejemplo que la flora intestinal de los roedores puede modificar su comportamiento.

Relación comprobada

Esta investigación ha demostrado que la misma asociación afecta a los seres humanos.
Los científicos analizaron muestras fecales de 40 mujeres sanas, con edades comprendidas entre los 18 y los 55 años, y dividieron los resultados de los análisis en dos grupos, en función de la composición de su flora intestinal.

Uno de los grupos analizados mostró una mayor abundancia de un tipo de bacteria llamada Bacteroides, mientras que el otro grupo disponía de una abundancia mayor de otra bacteria denominada Prevotella.

A continuación, los investigadores escanearon el cerebro de las participantes a través de imágenes de resonancia magnética, mientras les mostraban diversas imágenes pensadas para provocar una reacción emocional,  fuera positiva, negativa o neutra.

De esta forma pudieron descubrir que las personas que tenían una flora intestinal dominada por Bacteroides tenían una materia gris más densa en el córtex frontal y las regiones insulares, que son las zonas del cerebro especializadas en el tratamiento de informaciones complejas. Asimismo, mostraban un hipocampo más voluminoso, el cual es la zona cerebral implicada en la memoria.

Sin embargo, las personas del segundo grupo   - con una abundancia mayor de la bacteria denominada Prevotella-   tenían menos desarrolladas esas mismas áreas cerebrales; confirmando que existe una estrecha relación entre las regiones emocionales, sensoriales y las de la atención  (que tenemos en el cerebro), y la composición de la flora intestinal.

Cuando los investigadores mostraron imágenes negativas, las participantes que tenían más bacterias Pretovella mostraban una actividad más pobre en la región del hipocampo, al mismo tiempo que presentaban niveles de ansiedad, estrés e irritabilidad más elevados cuando miraban las imágenes.

Factor de riesgo
Según los investigadores, como el hipocampo ayuda a regular las emociones, cuando el cerebro tiene un hipocampo más pequeño, vinculado a la composición de la flora intestinal, las imágenes negativas pueden provocar reacciones emocionales más intensas.

“Un hipocampo menos involucrado con las imágenes negativas puede estar asociado a una reacción emocional desproporcionada”, escriben los autores en su artículo en Psychosomatic Medicine: Journal of Behavioral Medicine.

Según los investigadores, estos cambios emocionales implican un déficit característico de determinados trastornos mentales como la depresión, el síndrome del estrés post-traumático y los trastornos de personalidad.

Aunque las personas participantes en este estudio estaban sanas, estos resultados señalan que los perfiles obtenidos de la estructura de la flora intestinal constituyen un factor de vulnerabilidad para estas personas, ante posibles trastornos psiquiátricos.

Los investigadores señalan que estos resultados no deben considerarse concluyentes, ya que la muestra analizada es pequeña. Por ello se proponen realizar este estudio con muchas más personas con la finalidad de comprender mejor la relación, ya esbozada, entre la flora intestinal, las emociones y el comportamiento humano.

Referencia
Brain structure and response to emotional stimuli as related to gut microbial profiles in healthy women.  Psychosomatic Medicine. June 28, 201. DOI: 10.1097/PSY.0000000000000493


(1070) CÓMO SUFRE EL CEREBRO CUANDO UNA PERSONA SE QUEJA

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 Tener pensamientos negativos de forma habitual condiciona al cerebro a ser más pesimista.
Steven Parton, escritor y científico, indicó que quejarse afecta al cerebro y repercute de manera negativa en la salud mental.
 


El cerebro realiza una gran cantidad de sinapsis. Las neuronas están separadas por un espacio vacío conocido como hendidura sináptica. Cuando una persona tiene un pensamiento, una sinapsis dispara un químico a través de esta hendidura y crea un puente por el que cruza una señal eléctrica.
Parton explicó:
"Cada vez que se activa esta carga eléctrica, las sinapsis se agrupan para disminuir la distancia que esta carga eléctrica tiene que cruzar: el cerebro cambia sus propios circuitos, para hacer más fácil y más probable el desencadenamiento del pensamiento".

Tener pensamientos negativos de forma habitual condiciona al cerebro a ser más pesimista. También genera que sea más probable que los pensamientos negativos surjan al azar en la mente. Es decir, el pensamiento negativo tiene el puente más corto en el cerebro, en comparación al positivo.

Además, quejarse genera un cambio en las sinapsis del cerebro y produce un debilitamiento del sistema inmunológico. De esta forma, aumenta la presión arterial y el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas, diabetes u obesidad.
 
Entonces, ¿cómo eliminar los pensamientos negativos que afectan al cerebro?
"Cuando vemos a alguien que está experimentando una emoción (ya sea ira, tristeza, felicidad, etc.), nuestro cerebro 'prueba' esa misma emoción para imaginar lo que la otra persona está pasando. Y lo hace intentando activar las mismas sinapsis en su propio cerebro para relacionarse con la emoción que está observando. Esto es, básicamente, la empatía", explicó Parton.

Una persona negativa libera más cortisol, que es la hormona del estrés. Niveles altos de esta hormona interfieren con "el aprendizaje y la memoria, la función inmune y la densidad ósea... y la lista continúa", indicó el científico.
Generar continuamente cortisol provoca estrés y produce dolores de cabeza, fatiga, tensión muscular, insomnio, irritabilidad y nerviosismo. El estrés se vincula con otros problemas de salud físicos como depresión, problemas digestivos, problemas de sueño, presión arterial alta e incluso un mayor riesgo de enfermedades del corazón.

Una investigación publicada en los Archives of General Psychiatry demostró que las personas optimistas viven más que las pesimistas. Tienen un 55% menos de riesgo de muerte por todas las causas y un 23% de menor riesgo de morir por insuficiencia cardíaca.
En este sentido, imágenes de resonancia magnética de un estudio de la Universidad de Stanford (USA) demostraron que la queja constante podría reducir el hipocampo, la región del cerebro responsable de las funciones cognitivas.


(1069) AFIRMAN QUE EL CONTACTO FÍSICO EN UNA PAREJA AYUDA A ALIVIAR EL DOLOR

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Una investigación de la Universidad de Colorado en Boulder (CU) (USA) explicó que el contacto físico en una pareja permite aliviar el dolor. "El tacto podría ser una herramienta para comunicar la empatía, resultando en un analgésico", indicó Pavel Goldstein, autor principal del estudio.


La investigación de la Universidad de Colorado en Boulder (CU) (USA), y publicada en la revista Scientific Reports, estudió la sincronización interpersonal en el contexto del dolor y el tacto.
·        Se analizaron  22 parejas heterosexuales que tenían una larga duración, de 23 a 32 años. Les realizaron determinadas pruebas en las que se buscaba imitar el escenario de la sala de partos.
·        Los hombres debieron cumplir el rol de observadores mientras las mujeres fueron expuestas a un leve dolor por calor en su antebrazo durante 2 minutos. Los instrumentos utilizados medían el ritmo cardíaco y respiratorio de las mujeres en diferentes situaciones: mientras estaban sentados juntos sin tocarse, sentados juntos tomados de la mano, o sentados en habitaciones separadas.

Los resultados demostraron que las parejas estaban más sincronizadas si se sentaban juntas.
·        Cuando la mujer sufría dolor y su pare ja no podía tocarla, no se sincronizaban.
·        Sin embargo, cuando ella sufría dolor y podía juntar las manos con su pareja, volvían a sincronizarse y el dolor disminuía.

Pavel Goldstein, el autor principal e investigador postdoctoral del dolor en el Laboratorio de Neurociencias Cognitivas y Afectivas de (CU) Boulder, afirmó que piensa publicar estos resultados en un futuro estudio y que espera que esta investigación ayude a dar credibilidad científica a la idea de que el tacto puede calmar el dolor.
"El tacto podría ser una herramienta para comunicar la empatía, resultando en un analgésico", indicó Goldstein.
El abrazo ayuda a proteger al organismo contra el estrés y las infecciones derivadas de esta alteración.

A pesar de los resultados obtenidos, no se analizó si los mismos efectos se producen en parejas homosexuales, ni cuál es el impacto si el dolor lo sufre el hombre en vez de la mujer.

Más investigaciones también sugieren la importancia del afecto y el contacto físico.

Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Carnegie Mellon (USA) indicó que el abrazo y su manifestación de afecto ayudan a proteger el organismo contra el estrés y las infecciones derivadas de esta alteración.

Otro grupo de científicos de la Universidad de Duke (USA) demostraron que aquellas personas que no reciben gestos de afecto durante la infancia no producen suficiente hormona del crecimiento. Esto genera 'enanismo psicosocial'.

Además, estudios realizados en la Universidad de Carolina del Norte (USA) afirmaron que cuando las personas tocan o abrazan a alguien aumentan los niveles sanguíneos de oxitocina, conocida como la 'hormona del amor', al mismo tiempo que reducen la presión arterial y el ritmo cardíaco.

Karen Grewen, coautora del estudio, explicó:
"Pasear de la mano de nuestra pareja durante diez minutos, o simplemente un breve abrazo, pueden tener un efecto protector sobre el corazón al comenzar una dura jornada laboral".


(1068) EL SILENCIO Y SUS IMPORTANTES EFECTOS SOBRE EL CEREBRO

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La ciencia explicó que el silencio afecta al cerebro e influye sobre su funcionamiento.  Diversas investigaciones demostraron sus beneficios.
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe en 2011 donde reveló que 3 mil de las muertes sucedidas ese año en Europa occidental por enfermedad cardíaca se vinculaban con el exceso de ruido.


Una investigación realizada en Alemania por el Research Center for Regenerative Therapies Dresden (RCRTD) explicó que hay procesos cerebrales que solo se pueden llevar a cabo en silencio.
Para llegar a estas conclusiones, el RCRTD realizó un experimento con un grupo de ratones, dejándolos en completo silencio durante 2 horas al día. Asimismo, se observó la actividad de sus cerebros para comprobar si esto producía algún cambio.
Se descubrió que en todos los ratones estudiados había un crecimiento del número de células dentro del hipocampo. Se trata de la región del cerebro que regula las emociones, la memoria y el aprendizaje.
También se comprobó que las nuevas células nerviosas se integraban progresivamente al sistema nervioso central y que luego se especializaban en diferentes funciones. Es decir, el silencio había generado un cambio muy positivo en el cerebro de los ratones.
Al momento de descansar, el cerebro analiza la información y las experiencias a las que una persona ha estado expuesta. Después, selecciona lo importante y descarta lo que no sirve.
De manera similar, cuando una persona se encuentra en silencio, piensa más en sí misma y esto lleva a que limpie sus emociones.
Otra investigación de la Universidad de Cornell afirmó que los niños que viven cerca de los aeropuertos tienen un elevado nivel de estrés y una presión arterial más alta. Además presentan altos índices de cortisol, la hormona del estrés.

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Pavia midió los niveles cardiovasculares y respiratorios de un grupo de músicos mientras escuchaban una secuencia de melodías que estaba encadenada con breves momentos de silencio entre ellas.
Concluyeron que los mayores niveles de relajación se presentaban durante las pausas en las que el silencio era lo único que percibían. De esta forma, disminuía el estrés y los niveles de presión sanguínea.

Por todos estos motivos, los momentos de silencio son una buena oportunidad para conectarse con uno mismo y tener un mejor estado de ánimo.

El mindfulness es una buena opción para llegar a este estado. Se trata de la habilidad natural que todos tenemos de estar conscientes sobre qué está sucediendo en nuestra experiencia.
Estamos conscientes cuando podemos estar al tanto de lo que sucede en nuestro cuerpo y en nuestra mente mientras está sucediendo.

Otros beneficios del silencio:
·        Descansa la mente más que el dormir
·        Produce paz interior
·        Aumenta la concentración y la capacidad cognitiva
·        Reduce el estrés, por lo que disminuye los niveles de cortisol en sangre y los niveles de adrenalina



(55)  DYING  AT  HOME:  WHAT  I  LEARNED  FROM  MY  HUSBAND’S  DEATH
www.healthydebate.ca - Maureen Taylor

The night my husband died, I slept beside his corpse in our bed. All night. This wasn’t exactly by choice: the funeral home did not retrieve bodies after 8 p.m., and there was no other bed available for me to sleep in, as all our children were home to help care for their father.
I tell this story whenever I discuss the realities of dying at home. Even as a physician assistant, I did not appreciate the challenges — or the immense rewards — of caring for my husband at home until his death.


According to a 2014 Harris/Decima survey, of  those Canadians who express a preference for where they want to die, 75 per cent say they want to die at home, surrounded by loved ones.
Interestingly, another Canadian study found that those loved ones aren’t quite as keen on the experience: half of the patients who said they wanted to die at home had family members who hoped the death would take place in an institution, like a palliative care unit. No matter: The majority (about 65 per cent) die in a hospital, which isn’t anybody’s first choice.

The palliative care and hospice community often use this data to advocate for more government funding of community supports, such as personal support workers, to help people die at home. And they’re right that home care and palliative care access is too uneven across Canada and in urgent need of more funding.
But what we don’t understand is how many of these hospitalizations at the end of life could be diverted with more nursing, more personal support workers, more respite for family caregivers. I believe that without better education around what’s involved in dying at home, extra resources won’t be enough.

Dying is messy
It shouldn’t have to be painful anymore, though in some cases, only deep sedation can relieve the worst pain. But pain aside, there is no getting around the progressive weakness, the loss of appetite, the fluctuating level of consciousness, the need for diapers or a catheter, and eventually, the shallow, laboured breathing. None of this has to be distressing for the patient, who can, if needed, be heavily drugged or even sedated. But it can be extremely distressing for family members to witness, and it can go on for days and, in some cases, weeks.

When I worked as a physician assistant in the Emergency Department, I saw many patients brought in by ambulance in those last stages of their disease. When I spoke to the family members, it was often clear they were overwhelmed by very predictable symptoms. But no one had laid it all out for them before. They weren’t looking for miracles   — they accepted that death was inevitable —   but they felt unprepared and untrained for the burden of watching their loved one struggle to breathe, to communicate, to just let go. Sometimes a spouse confessed that as the husband or wife’s death neared, they worried they’d always associate the home with the death. And so, they dialed 911.

How can we better support those family caregivers so that they don’t end up in the emergency department? Prepare them. Acknowledge the messiness of death. And obviously, provide palliative care resources.

In our house, I had a frank discussion with all the kids and even our cleaning lady: no matter how bad Don looked, no one was ever to call 911. I knew that if he was taken to hospital, he’d never come home again, and he’d die there.
Our palliative care team had a binder that stayed on the kitchen counter, with Don’s Do Not Resuscitate order at the front.
We had a nurse we could call if his symptoms weren’t being managed well.
Don had opted for terminal sedation at the end: an induced coma, without food or fluids. The palliative care physician visited every few days to make sure the drugs were working, and to give us his best guess as to how much longer Don could go on like that.

I often see frail, elderly spouses who try to provide this care for their dying loved ones at home, and it wasn’t difficult to understand why they struggled. There’s no question that we were luckier than most families: I was relatively young, and we had the resources for me to stay at home and care for Don from the night they diagnosed his brain tumour until his death seven months later. Our children were incredibly strong and present, and we took turns doing even the most personal and intimate tasks for him.
Don had desperately wanted an assisted death, an option unavailable to him at the time. But if he had to die “naturally,” he told us, he’d prefer not to have strangers assisting him. In the end — only after Don was sedated, and with no small amount of guilt, we accepted help from those “strangers” to bathe him and turn him so he wouldn’t get bed sores.
There was so little comfort we could take in the fact of Don’s too-early terminal illness. But knowing that we helped him fulfil at least one of his wishes for his death  —that he die at home—  was comforting to us. And I thoroughly recommend it to other families if they can manage.

After Don died in my arms, all the kids came up to our bedroom and we surrounded him, breaking out his favourite scotch and sharing stories and memories. The palliative care doctor on call came to pronounce him dead and then I called the funeral home. And learned he’d be spending one more night beside me.

I’ll admit, it was weird. But as I pulled up the covers, I found they were mostly over on his side of the bed, and I smiled and looked over at his sweet face one last time. “Really Don? Hogging the covers, even in death?” And I slept soundly all night.

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Maureen Taylor was married to Toronto microbiologist Dr. Donald Low, who died of a brain tumour on Sept. 18, 2013. This article originally appeared on HealthyDebate.ca.


(1067) ¿CÓMO CAMBIA NUESTRO CEREBRO CUANDO APRENDEMOS A LEER?


www.elcastellano.org
Nicola Bell, Queensland University
www.CienciaToday.com

Ahora mismo, estás leyendo estas palabras sin mucho esfuerzo y sin realizar un pensamiento consciente. En ráfagas superrápidas, tus ojos están saltando de izquierda a derecha de la pantalla, dándole sentido de alguna forma a unas letras que de otro modo serían como una serie de garabatos negros.

La lectura para ti, no sólo es fácil, sino que es automática. Ver una palabra y no leerla es casi imposible porque los engranajes del procesamiento del lenguaje escrito se ponen en marcha tan pronto como los lectores ven cualquier palabra.
Sin embargo, aunque sea tentador pensar que leer forma parte de nuestro cableado interno, no hay que dejarse engañar. Aprender a leer no es fácil. De hecho, ni siquiera es natural.

Las primeras pruebas que demuestran la existencia de un lenguaje escrito son de hace 5 mil años. Una pequeña fracción comparada con los 60 mil años que hace que los humanos utilizan el lenguaje verbal.
Esto quiere decir que nuestra especie no ha tenido el tiempo suficiente como para evolucionar las redes cerebrales que nos predisponen a la alfabetización. Sólo a través de años de práctica y a la instrucción que vamos recibiendo a través de la educación somos capaces de forjar estas conexiones por nosotros mismos.

¿Cómo aprende a leer el cerebro?
Nuestro cerebro está constantemente reorganizándose. Cada vez que aprendemos una nueva habilidad, las conexiones entre las neuronas que nos permiten realizar esa habilidad se hacen más fuertes. Esta flexibilidad se ve intensificada durante la infancia, y es por eso que el aprendizaje es mucho más fácil antes de la adolescencia.
Cuando un niño se alfabetiza, no tiene de repente y mágicamente un ‘centro de lectura’ en el cerebro. En su lugar, se crea una red de conexiones neuronales que vincula áreas existentes que no estaban vinculadas con anterioridad. La lectura se convierte en una forma de acceder a la lengua a través de la vista, lo que significa que se basa en una arquitectura que ya se utilizaba para reconocer patrones visuales y para entender el lenguaje hablado.

El viaje de una palabra
Cuando un lector experto se encuentra con una palabra impresa, la información viaja desde sus ojos hasta su lóbulo occipital (que se encuentra en la parte posterior del cerebro), donde se procesa como cualquier otro estímulo visual.
A partir de ahí, la información se desplaza hacia el giro fusiforme izquierdo, también conocido como el ‘buzón’ del cerebro. Aquí es donde los garabatos negros son reconocidos como letras de una palabra. El "buzón" es una parada especial en el viaje de la palabra, ya que sólo se desarrolla como resultado de aprender a leer. No existe en los niños muy pequeños o adultos analfabetos, y se activa menos en las personas con dislexia, que tienen una diferencia biológica en la forma en la que sus cerebros procesan el texto escrito.
Las palabras y las letras se almacenan en el buzón, no como formas o patrones memorizados de forma individual, sino como símbolos. Esta es la razón por la que un lector experto puede reconocer una palabra rápidamente, independientemente de la fuente, las MaYúsCuLaS o el tipo de letra.
La información viaja desde el buzón hacia los lóbulos frontal y temporal del cerebro, para elaborar significado de las palabras y la pronunciación. Estas mismas áreas se activan cuando oímos una palabra, por lo que están especializadas en el lenguaje, y no sólo en la lectura o en la escritura.
Gracias a que la información puede viajar muy rápido a través de las carreteras sinápticas del lector experto, todo el trayecto dura menos de medio segundo.
Pero, ¿qué ocurre en el cerebro de un niño de cinco años de edad, cuyas carreteras están todavía en construcción?

El cerebro en desarrollo
Para los niños pequeños, el proceso de obtención del significado de una palabra escrita es lento y requiere esfuerzo. Esto se debe en parte a que los lectores que comienzan aún no han construido una tienda de palabras familiares que puedan reconocer a simple vista, por lo que en su lugar deben ‘sondear’ cada letra o secuencia de letras.
Cada vez que los niños practican la decodificación de palabras, forjan nuevas conexiones entre las áreas del cerebro que se encargan del lenguaje escrito y las que se encargan del lenguaje oral. Gradualmente van añadiendo nuevas letras y nuevas palabras importantes al buzón del cerebro.
Recuerda, cuando un lector experto reconoce una palabra de un vistazo, él está procesando las letras de la palabra y no su forma.
Por lo tanto, la alfabetización puede apoyar el aprendizaje de los niños, poniendo de manifiesto el carácter simbólico de las letras. En otras palabras, llamando la atención sobre las relaciones entre las letras y los sonidos del habla.
Aquí, la evidencia de la investigación sobre imágenes cerebrales y la investigación educativa convergen para mostrar que las primeras clases de fonética pueden ayudar a construir una red de lectura eficiente en el cerebro.

¿Qué deparará el futuro sobre el desarrollo de la alfabetización?
A medida que la tecnología evoluciona, también lo debe hacer nuestra definición de ‘leer y escribir’. Los cerebros jóvenes ahora necesitan adaptarse no sólo al lenguaje escrito sino también a los medios rápidos de difusión a través de los cuales se presenta el lenguaje escrito.
Sólo el tiempo nos dirá cómo esto afecta al desarrollo de esta misteriosa esponja de color rosa que tenemos entre los oídos y que solemos llamar cerebro.


(54) ROBOT COP DEPLOYED ON THE STREETS OF DUBAI

By Anthony Cuthbertson
www.nesweek.com
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The “world’s first operational Robocop” has reported for duty in Dubai, forming the first part of the emirate’s plan to make one quarter of its police force robotic by 2030.
 
The autonomous robot policeman was unveiled at the Gulf Information Security Expo and Conference (GISEC) this week at Dubai World Trade Center. From Wednesday, May 24, it will be used on public streets in the city.
“With an aim to assist and help people in the malls or on the streets, the Robocop is the latest smart addition to the force and has been designed to help us fight crime, keep the city safe and improve happiness levels,” said Brigadier-General Khalid Nasser Al Razzouqi, director-general of Smart Services at Dubai Police, according to the Khaleej Times.
The launch of the world’s first operational Robocop is a significant milestone for the emirate and a step towards realizing Dubai’s vision to be a global leader in smart cities technology adoption.”

Robocop, named after the movie franchise of the same name, will be deployed to help assist Dubai’s residents and tourists.

Designed by Spanish firm PAL Robotics, the humanoid robot stands at 1.7m and weighs 100kg.  It features a touchscreen on its chest to allow people to report crimes or pay fines for traffic violations.

Artificial intelligence technology from Google and IBM’s Watson has been used to develop its functionality,  which includes facial recognition to identify criminals and the ability to detect a person’s emotions.

"Robots and autonomous machines are shaping and redefining our future and transforming the way we function," said Trixie LohMirmand, a senior vice president at Dubai World Trade Center.
“Technological advancements are enabling robots to talk, see, feel and react to objects and humans. The age of the robots is no longer coming—it has arrived.”


(1066) LA DEPRESIÓN PUEDE MEJORARSE SÓLO CON MIRARLA

www.tendencias21.net

La depresión puede mejorarse sólo con mirarla, ha descubierto un estudio. Sólo es necesario evocar recuerdos positivos mientras se observa en un ordenador la actividad cerebral de uno mismo implicada en los procesos depresivos. Un nuevo logro de la neurorretroalimentación fMRI.

 Evocar recuerdos positivos mientras se observa al cerebro, nueva técnica testada con éxito

Una nueva técnica no invasiva permite mejorar a los pacientes que sufren depresión, una enfermedad que afecta a 350 millones de personas en todo el mundo, según la OMS.

La nueva técnica consiste en observar, en un ordenador y en tiempo real, la actividad cerebral de uno mismo implicada en los procesos depresivos, e influir en ella conscientemente evocando recuerdos felices de la vida.

Según un estudio, las áreas que juegan un papel significativo en la depresión son la amígdala, el tálamo y el hipocampo. La amígdala cerebral es un conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad del lóbulo temporal y su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales. La amígdala reacciona bien ante las emociones negativas de una persona, pero es menos sensible a los recuerdos positivos.

El estudio señala que observando esa región cerebral de las emociones, una persona puede mejorar su estado de ánimo y estimular al conjunto de neuronas de la amígdala a reaccionar ante los buenos recuerdos.

Neurorretroalimentación fMRI 
Esta técnica se llama Neurorretroalimentación fMRI (Neurofeedback fMRI) y funciona con imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional, una técnica que permite observar la actividad del cerebro mientras realiza una tarea.

La Neurorretroalimentación fMRI permite a una persona adquirir cierto control sobre su actividad eléctrica cerebral, observada en directo por el paciente a través de un ordenador que convierte su actividad eléctrica cerebral en imágenes y sonidos.
De esta forma, una persona no sólo puede ser un observador pasivo de este proceso, sino también influirlo y controlarlo. La técnica es muy reciente, pero se ha probado anteriormente con éxito para el tratamiento de dolores crónicos.

Kymberly Young, la autora principal de esta investigación, reunió a 36 voluntarios adultos diagnosticados con depresión y los separó en dos grupos diferentes.
·        El primer grupo fue instruido para realizar un ejercicio de neurorretroalimentación en las neuronas de la amígdala cerebral afectadas por la depresión.
·        El segundo grupo fue instruido para realizar un ejercicio similar, pero sobre otra zona del cerebro no relacionada con la depresión.
Las personas de ambos grupos tenían sus cerebros escaneados por fMRI para identificar la ubicación de su amígdala, o la región de control del cerebro (en el caso del segundo grupo).

Observando en directo la actividad eléctrica de sus respectivos cerebros, los participantes han intentado regular la intensidad de la señal emitida en esos momentos por su amígdala, recordando momentos felices de su vida.

¡Funciona!
Después de dos sesiones, 12 de los 19 participantes que habían trabajado sobre las neuronas de la amígdala sensibles a la depresión, habían registrado una mejora significativa de su estado, frente a sólo dos personas del segundo grupo. Es decir, consiguieron despertar el interés de su amígdala por los recuerdos positivos. 

De esta forma, los investigadores han apreciado que esta reacción de la amígdala cerebral a los recuerdos positivos podría ayudar a reducir los síntomas de la depresión. Los investigadores se proponen ahora desarrollar una metodología que pueda ayudar a los pacientes a mejorar la depresión con este sistema.

La depresión es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana.

Referencia
Randomized Clinical Trial of Real-Time fMRI Amygdala Neurofeedback for Major Depressive Disorder: Effects on Symptoms and Autobiographical Memory Recall. The American Journal of Psychiatry, April 14, 2017  |