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Cuento 008 - "El hombre de la pala"

Estar o no estar. Ese es el dilema; pero no para el hombre de la pala. Ese dilema es para quienes lo ven o no lo ven. Cuento de Alfredo Milano, interpretado  por Iris Herrera de Milano


"El  hombre  de  la  pala"
Alfredo Milano
Santiago, 25 de Agosto, 2012

No recuerdo la primera vez que lo vi pasar; es más, a lo mejor tenía tiempo pasando, pero esa era la primera vez que me dí cuenta de que existía.
Todos los días al amanecer, todos los días al atardecer.
Casi siempre caminaba por nuestra acera. Si me asomaba a la puerta para verlo más de cerca, no sé por qué extraña razón pasaba entonces por la acera de enfrente.

Así como yo noté su presencia, todos los del pueblo empezaron a notarla. De pronto, todos sabíamos del  extraño Hombre de la Pala, aunque no teníamos idea de quién era.

Un día, estando en la barbería, en una conversación casual entre el barbero y un parroquiano, este cliente   -que no podía aguantar su lengua-   le preguntó al barbero sobre el personaje de la pala.
Lino el italiano, un veterano barbero, sabía que si algún cliente tenía alguna duda sobre cualquier tema, su deber profesional era “saber y responder” a sus preguntas.
Aunque también estaba consciente de que lo mejor era empezar por la famosa frase universal  ... “yo creo que”...
YO  CREO no es lo mismo que YO  AFIRMO.  Jamás hay que afirmar. Y eso, hasta yo lo creo.

--- Io credo que  ese hombre, o trabaja en el cementerio, o trabaja en el río  paleando arena y llena las carretas que la llevan a sitios para usarla en la construcción.

Dicho esto, Lino se tomó una pausa, prendió un cigarrillo, tosió, carraspeó unos segundos, se asomó  a la  puerta de la barbería, y largó un escupitajo.
--- Aunque pensándolo bien, me he fijado en algo curioso, nunca tiene los zapatos sucios.

Para un italiano esto es muy importante. Hay que tener siempre los zapatos limpios y que éstos sean "puyudos".
Lino aspiró largamente el cigarrillo, lo colocó en el cenicero de lata y continuó con su faena.

Dos clientes curiosos, de esos que siempre tienen el oido dispuesto para los chismes de pueblo, de inmediato incorporaron esa información a sus archivos mentales.

Por supuesto que, para Juan, era una realidad que el sujeto de la pala tenía que trabajar en el cementerio municipal; aunque para José el hecho era que a ese "elemento" lo habían visto en el rio paleando arena, y que debía de ser muy bueno en su oficio, porque ni siquiera se ensuciaba los zapatos.
Bueno, las esposas de ambos  -que tampoco podían contener sus lenguas-  dieron, cada una por su parte, una u otra versión a familiares y amigos .

En menos de dos días el pueblo estaba perfectamente dividido entre "cementerio" y "río".
Casas de familia, bares, cantinas, farmacias, hospital, bodegas, la policía; en fin, para todo el pueblo, el Hombre de la Pala se volvió el tema que estaba de moda.

Todos querían saber del Hombre de la Pala.
Inventaron muchas historias: que si era rico, que si era pobre, que si era un perseguido, un bandolero, un extranjero.
Para cada pueblerino había una historia.
Todos lo habían seguido para ver adónde iba, pero el Hombre de la Pala siempre era más rápido y cruzaba en alguna esquina y desaparecía.

Lo curioso era que todos lo habían visto a la misma hora deambulando por distintas partes del pueblo.
Surgieron las dudas, y empezaron a conjeturar que tal vez el Hombre de la Pala era un fantasma, un zombi, y ya dudaban de si existía o no.
Las personas se reunían y tenían acaloradas discusiones acerca del Hombre de la Pala.

Con el tiempo  -nuestro inseparable amigo el  tiempo-  amainaron las conversaciones y discusiones.
Ya nadie quería hablar sobre el Hombre de la Pala.
El Hombre de la Pala se fue diluyendo en el paisaje. Se veía y no se veía.
Si querías verlo, sólo podías hacerlo bien temprano en la mañana o al atardecer.

Pasaron los meses, y en otra ocasión en la barbería, surgio está conversación casual entre un cliente y el barbero Lino:
--- Caramba amigo, sabes que  me estoy preguntando sobre el extraño Hombre de la Pala, y me parece que se fue; ya no lo he visto más

Entonces Lino agregó:
--- Qué casualidad, lo mismo creo yo. A lo mejor se fue, o se murió. ¡Quién sabe!

Apenas dos días después en el pueblo sólo se hablaba de la extraña muerte del Hombre de la Pala, o de la extraña desaparición del Hombre de la Pala.

El alcalde del pueblo, quien no tenía ni un pelo de tonto según el barbero, mandó a poner una placa en una casa que hacía esquina, y la bautizó como Esquina del Hombre de la Pala.

Desde ese entonces, hasta nuestro días existe la Esquina del Hombre de la Pala. 

Pero, no intentes llegar ahí, te puedes perder, nadie sabe adonde queda, a menos que veas al Hombre de la Pala y lo puedas seguir.

(1043) ¿ERES ADICTO A LAS REDES SOCIALES?

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Marie Perod, www.masqueapple.com

¿Sabes que ya existen clínicas de desintoxicación para smartphone-adictos?

 Estos son los síntomas de que tu pasión por las redes sociales se está convirtiendo en un problema serio.
En los últimos tiempos la adicción a las redes sociales se está convirtiendo en algo cada vez más común. Olvidarse del móvil llega a producir ansiedad a aquéllos que no son capaces de mantenerse ni un segundo alejados de él.


Nadie, hoy en día, sería capaz de poner en entredicho los beneficios que han traído consigo las nuevas tecnologías, sin embargo condicionar nuestra vida a un dispositivo móvil puede llegar a ser perjudicial para la salud. Incluso se han tenido que abrir clínicas de desintoxicación para aquellas personas adictas a estos aparatos.

Con la proliferación de las redes sociales nos estamos volviendo cada vez más dependientes de nuestra vida virtual.  Snapchat, Facebook, Instagram están sustituyendo a la vida real.

Expertos sobre el tema consideran que la adicción a las redes sociales es similar a la sensación que provoca el consumo de drogas como la cocaína o el éxtasis. En las redes sociales se suelen proyectar sólo los momentos positivos de nuestro día a día, por lo que las interacciones con los demás usuarios suelen aportar una sensación gratificante de reconocimiento y felicidad.

Hay algunos signos que pueden ayudar a conocer nuestro nivel de dependencia a las redes sociales:

·        Lo primero que haces al abrir los ojos es consultar todas tus redes sociales en busca de novedades.
·        Revisas con mucha frecuencia tus perfiles en redes y esperas obtener con la mayor inmediatez posible un feedback positivo.
·        Muestras síntomas de frustración si no consigues notoriedad en tus redes.
·        Exploras con avidez las publicaciones de tus "amigos" en busca de sus nuevos acontecimientos, y te sobreviene el pensamiento de que su vida es mejor que la tuya.
·        Estar con mucha gente no te impide estar actualizando tus perfiles constantemente.
·        Tienes la necesidad de publicar y fotografiar todo lo que te sucede, desde tus comidas diarias hasta tu pose antes de dormir.
·        Das "me gusta" compulsivamente a todas las publicaciones de tu muro.
·        Sustituyes las conversaciones cara a cara con las charlas a través de Internet, en las que sientes más comodidad.
·        Te mantienes en línea casi todo el día.
·        Salir de casa sin tu teléfono es sinónimo de estrés y taquicardias.

Es importante evitar este tipo de comportamientos y aprovechar el uso de las redes con sentido y moderación.
Por eso lo ideal sería apagar el móvil por las noches y priorizar las relaciones personales antes que las virtuales.


( 1042) LA ENFERMEDAD MÁS RARA DEL MUNDO

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Sarah Romero

La enfermedad más rara del mundo se llama Síndrome de Cotard, también conocida como Síndrome de Negación.



¿Vivo pero muerto? 
Las personas que padecen esta extraña y poco usual enfermedad, están convencidos de que han muerto y se ven a sí mismos como muertos vivientes o zombies.
La introspección de su enfermedad es tan profunda que afirman sentir que no tienen sangre, ni cerebro, ni órganos y que perciben incluso el olor de su carne pudriéndose.

Este delirio, relacionado con la hipocondría, arranca con la negación de la existencia, primero de todo lo que les rodea y, posteriormente, de su propia existencia.
Entre los síntomas más comunes se encuentran: la depresión, la automutilación, los pensamientos suicidas, la analgesia o ausencia de dolor, la creencia de que su cuerpo está muerto y que se está descomponiendo por ello, o incluso que son inmortales.

Los que sufren el Síndrome de Cotard creen estar muertos en todos los sentidos.

Esta enfermedad, que aparece de forma repentina, es común en las depresiones más graves, ya sean psicóticas o delirantes, y puede encontrarse en otras enfermedades mentales como la esquizofrenia y la psicosis.

¿De dónde viene el nombre de esta enfermedad?
Jules Cotard fue el neurólogo francés que descubrió este síndrome, bautizándolo inicialmente como “delirio de negación” en 1880. Cotard expuso su hallazgo en una conferencia en París, mediante el caso de una paciente que negaba la existencia de Dios y también del diablo, no veía necesidad de comer, y negaba la existencia asimismo de algunas partes de su cuerpo, convencida de que no podría morir de forma natural.

Este trastorno aún no ha sido aceptado como enfermedad, por lo que no aparece en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales (DSM), ni ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS).