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Cuento 005 - "Un pensamiento inteligente"

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Un pensamiento inteligente se da cuenta de que está dentro de un cabeza hueca y se pregunta:  "¿Qué hago yo aquí?"   

“Un  pensamiento  inteligente”
Alfredo Milano - Iris Herrera de Milano
Toronto, 13 de Abril, 2016

Érase una vez  un pensamiento inteligente, que apareció súbitamente en medio de una cabeza hueca.
***   ¿Qué hago yo aquí?

Fue la natural reacción del pensamiento. Y salió corriendo por los pasillos desiertos de la enorme cabeza. Después de tanto correr quiso detenerse y sentarse a pensar. Le sobraban tiempo y espacio.

***    Debo tomar las cosas con calma, para situarme bien dentro de este cascarón vacío. No gano nada con provocar al dueño de esta cabeza. A lo mejor es feliz. ¿Quién sabe?
Parece que soy el único pensamiento inteligente que hay aquí.... Este sitio debe de ser muy aburrido. Tengo que revisar bien.

Siguió caminando por los solitarios laberintos que se cruzaban entre sí.  
Vió gran cantidad de  pequeñas puertas sin letras que indicaran algo,  sólo eran habitaciones desocupadas, algunas con muebles viejos y retratos de personas olvidadas.
Por fin, en una puerta había un letrero que decía “Postergación”....
Entró. Era un cuarto de tamaño muy reducido, con lo necesario para un descanso.: un viejo sofá, un televisor de 21 pulgadas, un baño pequeño, un refrigerador, un estante lleno de snacks como papitas fritas  y maníes. ¡Ah!  y un micro-ondas. Se sentó en el sofá y de inmediato se dedicó a ver películas.

Como a la cuarta película y octava bolsa de papitas fritas, recordó que era un pensamiento inteligente, apagó el televisor y empezó a meditar.
****    ¿Qué hago yo aquí?

Recordó la época cuando vivía en una cabeza inteligente. Definitivamente la Sala de Postergación del inteligente era más confortable, más grande y con mayor cantidad de aparatos tecnológicos.
Para una persona inteligente con tantos pensamientos inteligentes la competencia entre esos recursos tenía que ser dura.  La sala para dejar  las cosas para más tarde tenía que ser mejor. Mejores diversiones, más comodidades.
¡Si hay que perder el tiempo hay que hacerlo en grande!

Se obligó a salir apresuradamente de la limitada sala de perder el tiempo del cabeza hueca. Tenía que dejar la pereza a un lado y explorar. No era fácil con tanto espacios vacíos....

Llevaba un rato deambulando por los pasadizos  cuando oyó voces:
>> ¡Epa, grandote, me estás pisando!...
** ¡y a mí!
--  ¡y a mí!
gritaban unos pequeños seres que el pensamiento inteligente no había visto.

****    Y ustedes, ¿quiénes son, de  dónde salieron?

>>       ¿De dónde crees, gigantón?   Vivimos aquí. Somos los pensamientos
****    ¡Ayyy, perdón, creía que esto estaba vacío!
>>       Ja, ja... y te crees inteligente....

Ponerse a razonar con los pensamientos básicos era aburrido. Entendían pocas cosas.

De pronto, pasaron unos seres de color amarillo y el cuerpo salió corriendo.
¡Los Impulsos tomaban el control!

Cada vez que los Impulsos asumían el mando, había que hacer cosas. Así, los pequeños pensamientos se dispersaban e iban a las diferentes salas: diversión, aburrimiento, pereza... Todas eran, en general, lugares para matar el tiempo.
Los Impulsos eran muy violentos y cuando tomaban el control nadie lograba detenerlos.
En un cabeza hueca esto era muy frecuente: tener sexo, orinar, defecar, comer, dormir, eructar

Ahora sí entendía lo que ocurría...
****    ¡Con razón podía pasar muchas horas vagando por toda esta cabeza!.
“Mi” cabeza hueca dormía mucho.

La situación ya me estaba desesperando. Estar encerrado sin hacer nada, o realizando actividades placenteras durante tantas horas que llegaba a sobresaturarme, o llevar a cabo acciones que me parecían huecas e inútiles .... Llegué a sentirme preso en ese lugar supuestamente divertido..

Me fuí a un salón donde podía estar solo. Le quité el volumen al viejo televisor que allí había, y me dedique a diseñar una estrategia para obtener mi libertad.
Al cabo de un buen rato, en el que tuve y deseché varias ideas, me quedé con una que lucía factible. Eso sí me exigiría tener paciencia para no fallar.

Siendo yo el único pensamiento inteligente presente en aquel cerebro, decidí hacer todo lo que estuviera de mi parte para escaparme de ese encierro.

Empecé por hablarle al Dueño del cerebro para llevarlo hasta la sala de películas para niños... ¡Tal como yo lo había pensado, allí había chocolates de todos los tipos. 
Por suerte para mí, el Dueño era un amante de los chocolates y no aguantó la vista de las almendras y maníes recubiertos de exquisito chocolate negro y chocolate con leche..... Comió hasta que no pudo más.

Al poco rato, las endorfinas empezaron a moverse y la mayor parte se almacenó en el hipotálamo. Era cuestión de continuar ejercitando mi paciencia. Empecé a notar como lentamente las endorfinas estaban impregnando el torrente sanguíneo y se deslizaban hacia la médula espinal del Dueño.  Casi que cometo un error al querer gritar por la alegría que sentía al notar como, poco a poco, los pensamientos básicos se íban tranquilizando, las distintas salas de la cabeza hueca se íban quedando en silencio, y el Dueño se iba durmiendo plácidamente.....

El Dueño se quedó dormido y siendo yo el único que estaba consciente dentro de su cabeza hueca, rápidamente me dirigí hacia la Formación Reticular y con sumo cuidado para no alterar el equilibrio de la red neuronal del sueño y la vigilia, le grabé allí unas instrucciones en un nodo de la red:

.... Al despertarte contento por haber dormido bien, comentarás que has tenido un sueño muy raro, según el cual tendrás mucha suerte si escribes de inmediato lo siguiente:  “Tuve un sueño en el cual yo  tenía un pensamiento inteligente preso en mi cabeza y decidí liberarlo”  y le muestras el escrito a otra persona para que ésta lo lea en voz alta.

Bueno...a lo mejor ustedes, oyentes, no creen lo que les estoy contando, pero ocurrió tal cual....

El Dueño, quien era muy sugestionable, siguió mis instrucciones al pie de la letra y cuando su novia, Tatiana, leyó el escrito en voz alta, yo quedé liberado automáticamente.

Tuve la tentación de meterme en la cabeza de Tatiana, pero logré escaparme... Ella era insoportablemente bella y su cráneo tuvo un fuerte eco cuando la tropecé accidentalmente... 


¡Eso me salvó!  En ese instante decidí que lo mejor era tomarme unas vacaciones antes de arriesgarme a volver a caer en otra cabeza hueca que, dicho sea de paso, son las que abundan como arroz. 

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