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CUENTO 002 -- "CON LA CABEZA SOBRE LOS HOMBROS"


Cuento  002 - “Con la cabeza sobre los hombros”
Iris Herrera de Milano
Santiago, 27 de Septiembre, 2013

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Era el período de las vacaciones escolares. Había terminado mi penúltimo año de secundaria en el colegio para niñas pobres que las Damas del Sagrado Sacrificio regentaban en la ciudad.
Aquella tarde yo estaba dedicada a mi pasatiempo favorito: la lectura, y mi madre me pidió -más bien digamos me ordenó- que la acompañara a la casa de una pareja que estaba interesada en que ella le hiciera las labores de limpieza de la vivienda, pues la señora estaba ya muy anciana y por su edad y falta de costumbre no podía hacer grandes esfuerzos físicos, ni siquiera el de andar caminando por la propiedad. Por eso necesitaban los servicios de mi madre, ama de casa reconocida por su honradez y rectitud, para que en cierta forma supliera a la dueña.

Cuando la puerta de esa casa se abrió y ví aquella maravillosa estancia, tome la decisión que cambiaría el resto de mi vida.

En esos días cumpliría mis 17 años y las opciones realistas que tenía frente a mí eran: certificarme como peluquera o como asistente de guardería de niños, o estudiar costura, o  buscar trabajo en alguna tienda o supermercado para atender la caja registradora, o realizar algún cursito de oficios para trabajar como Aprendiz de cualquier cosa.
Iniciar y llegar a terminar estudios universitarios sería un imposible debido al costo de la opción y, además, representaría una pérdida de tiempo que no me llevaria a ningún lado económicamente prometedor. De modo tal que comencé a pensar la manera de acortar mi desarrollo profesional.

Yo tenía fama de inteligente, dedicada y perspicaz, además de simpática, no mal parecida y conversadora. Así que, como ya dije, de un solo chispazo se me aclaró mi futuro laboral. Sería una especial Dama de Compañía para caballeros acaudalados que  requirieran ese servicio.

La mayor parte de la inversión ya estaba hecha: mi aspecto físico, mi educación, mi nivel de conversación, mi interés por estar al tanto de las noticias mundiales, mi manejo de las redes sociales, mis buenos modales al relacionarme con la gente.

Le mentí a mi madre cuando le dije que iría a Tolpic City, la capital, para solicitar una beca. Le expliqué que dadas mis excelentes calificaciones escolares casi que ya la tendría otorgada para el momento en que terminara la secundaria.   ¡Nada más lejos de mi intención verdadera!

Me fuí a Tolpic City por dos días para que mi mamá creyera mi historia y me quedé en casa de Kani, una amiga muy cercana. Nos montamos en un autobús y le pedí a Kani que me indicara cuáles eran los lugares bonitos de la ciudad.
Llegamos a un punto en que le pregunté cómo podría hacer una muchacha como nosotras para vivir en uno de esos sitios.
Ella me dijo: que tus padres tengan dinero y hayas nacido allí, o que tus padres tengan dinero suficiente para regalarte un apartamento de soltera allí, o que te ganes un buen premio de la lotería, ... o que ...... (y ahí nos miramos pícaramente)  te consigas un "sugar daddy" muy generoso que te mantenga y pague por tus gastos.
Nos reímos mucho por haber coincidido exactamente en la idea y prometimos seguir hablando del tema...
 ___________

Eso fue hace 25 años...
Ahora lo recuerdo porque en aquel entonces me pareció algo sumamente difícil... Sin embargo, la buena suerte me acompañó en todo momento y mi capacidad de discernir fue clave para lograr el objetivo.

Enganchar a un hombre mayor, con dinero y falta de afecto..
Me propuse aplicar mis conocimientos de búsqueda de oportunidades de trabajo, para conseguir una entrevista informacional con alguien así. Me focalicé en redes sociales y profesionales, ubiqué a los candidatos y los llamé por teléfono. Dos caballeros importantes accedieron a la entrevista.

El motivo presunto, es decir la excusa para la entrevista, era  -dada mi condición de candidata a  estudiante universitaria-  conocer un poco más del tipo de organización en la cual el caballero prestaba sus servicios.
Por supuesto, mi misión real era llamar la atención de ese caballero antes identificado via redes sociales y, posteriormente, lograr engancharlo en mi red personal.


No lo logré sino hasta la entrevista con un quinto prospecto. Un hombre de unos 50 años, que quería demostrar su potencia e importancia y, sobre todo, exhibirse con mujeres jovenes. Le capté su debilidad y por ahí me afinqué.
A los 3 meses estaba yo bien instalada en un apartamento con mi falso Adonis, quien fue mi Curso 101 de Amante  o de Segundo Frente, como se le quiera denominar.

Aprendí mucho de él y, sobre todo, aprendí a estar clara en que lo apropiado es considerar a cada amante como un proyecto; es decir, algo que tiene un principio y un final bien definidos. No hay que volverse avariciosa y hay que entender que, algún día, ese amante volverá al redil con su esposa o buscará una mujer “decente y respetable” que él se atreva a mostrar.
Cada proyecto, entonces, es una inversión y como tal se debe ser selectiva. Es la manera de salir sin heridas profundas en este ramo comercial.

Al poco tiempo de estar con mi tercer proyecto y habiendo recaudado ya algún dinero,  decidí  -junto con Kani-  ser socias de una empresa online de servicios de damas de compañía. Reclutábamos a las chicas de acuerdo con ciertos parámetros y procedimientos sugeridos por nuestro asesor legal, y ofrecíamos nuestro catálogo con mucha discreción a clientes escogidos.

Nosotras, ya como empresarias, mejoramos nuestras habilidades y conocimientos tomando cursos de Aprender a Escuchar, Coctelería, Masaje Relajante, Cultura General, Manejo del Tiempo,  Atención al Cliente,  etc. distintas disciplinas que nos hacían más interesantes y competitivas y nos imprimían un sello distintivo en un mercado laboral a veces saturado de mal gusto. 

Nos convertimos a nosotras mismas en damas de compañía  casi perfectas y requeríamos de  nuestro personal un alto nivel de preparación, para satisfacer la demanda de nuestra  exigente clientela.
Queríamos ser la compañía ideal para caballeros no comprendidos.

Ahora, ya más cerca de los 50 años, puedo afirmar abiertamente que estoy muy contenta conmigo misma por haber tomado esta senda laboral.
La consideré mi carrera y en todo momento me comporté y sigo siendo una profesional .


Actualmente estoy parcialmente retirada, pero sigo gerenciando la empresa. A título personal mantengo algunos clientes, muy pocos, con quienes, por los años que nos llevamos conociendo, ya me unen lazos casi de amistad.

Mi socia, Kani, murió de cáncer hace algunos años.  Ella tuvo una hija y nunca reveló a nadie el nombre del padre. Kani y yo eramos prácticamente hermanas. Me encargó a su  hija, Zaldir, quien en esa época tenía unos 8 años de edad y a quien presento como mi sobrina.


Zaldir conoce muy bien su propio origen y todos los detalles de mi oficio y del de su madre.  Acepta que fuímos unas mujeres valientes al tomar la decisión de sobrevivir y forjarnos un destino, sin distraernos en amoríos improductivos y con futuro incierto.

A pesar de que otras personas pudieran juzgarnos de manera diferente, tanto Kani como yo nos consideramos unas triunfadoras: salimos adelante.

Tal vez Zaldir opte por una vía distinta. Esa será su decisión.
De todas maneras estaré a su lado para darle un golpe de timón con una buena dosis de realidad cuando sea conveniente o necesario.
 














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