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(667) EL EXTRAÑO CASO DEL SÍNDROME DEL ZOMBIE

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El síndrome de Cotard es una rara enfermedad cuyo síntoma es que los pacientes creen estar muertos. Graham hace años siente que su cerebro dejó de funcionar.


En los tiempos de The Walking Dead, parece increíble imaginar que una enfermedad detectada por un médico francés en 1880 tiene como síntoma la sensación de estar muerto.

Se podría pensar que quien camina y habla pero cree estar muerto es una persona con una anomalía psiquiátrica, que debería evidenciar un comportamiento fuera de lo común.

La reacción de los que sufren el es la de dejar de sentirle el gusto a las cosas, no oler aromas, percibir que partes de su cuerpo están putrefactas, no comer y, efectivamente, pueden morir como consecuencia de no abordar un tratamiento.

En 2004, un hombre nacido en Bélgica, que como víctima de una dura depresión había intentado suicidarse con un cable de electricidad mientras se bañaba, llegó al consultorio de un médico al que le aseguró que su cerebro estaba muerto.
Graham le explicó al doctor lo que le estaba pasando y el caso llegó a expertos quienes realizaron un profundo estudio del cerebro, que ratificó que el hombre padecía del síndrome de Cotard.

Los estudios de imágenes realizados sobre Graham confirmaron que la actividad cerebral de este hombre --que puede expresarse, hablar y moverse como cualquier ser humano-- era diferente y efectivamente había áreas del cerebro que no mostraban actividad.
Graham ha visitado el cementerio local con asiduidad, porque siente que ése es su lugar, relata la revista New Scientist

Su tratamiento ha sido largo y ha requerido de psicólogos y medicación para tratar su desorden, que lo había llevado a dejar de ingerir alimentos ante la sensación de no necesitarlos porque no se sentía vivo.

El síndrome de Cotard lleva su nombre por Jules Cotard, médico francés que presentó este extraño mal, el cual afecta a pocas personas, pero consiste en un raro comportamiento: quienes lo sufren sienten que murieron, que no quieren comer, que están en un limbo entre el cielo y el infierno, que sus cuerpos se pudren, que tienen órganos que ya no funcionan.

El caso de Graham ha permitido avanzar más en el tratamiento de este mal, muy vinculado a fuertes estados de depresión.

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