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(644) LAS 7 PEORES (Y POR DESGRACIA, REALES) PESADILLAS RELACIONADAS CON LOS MÉDICOS

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Acudir al médico, especialmente si es por una cuestión delicada, no resulta del gusto de nadie. Muchos relacionamos automáticamente los centros de salud o los hospitales con el malestar corporal, la fiebre, el dolor y la posibilidad de ser contagiado de una gripe, por lo que intentamos eludir en la medida de lo posible la visita a tales lugares, por mucho que seamos conscientes de que a la larga será beneficioso para nosotros.
Sin embargo, menos frecuente es el miedo a los entornos médicos, aunque éste aumenta exponencialmente cuando se requiere una intervención aún más complicada, como es el caso de la cirugía, en la que nuestro propio cuerpo es perforado con material quirúrgico.

Con el nombre de tomofobia se conoce a este miedo a la cirugía, una de las fobias más comunes pero también más problemáticas en cuanto que puede llevar a los que la sufren a rechazar las intervenciones que pueden salvar su vida.

¿Qué factores influyen en la aparición de este miedo?
Muchas veces, una mala experiencia en el pasado, que puede conducirnos a evitar el quirófano por todos los medios.
Pero el aprendizaje vicario también puede jugar un importante papel, ya que el mero hecho de observar en televisión programas sobre intervenciones fallidas o de casos de mala práctica en el quirófano puede originar esta fobia.
“Los que padecen esta fobia rechazan por todos los medios acudir al médico”

¿De qué manera se manifiesta esta problemática?
Generalmente, cuando una persona visiblemente enferma niega, por activa o por pasiva, que necesita ir al médico.
Pero también, cuando ésta se automedica o siente una creciente ansiedad según el momento de acudir al centro de salud se acerca. Para los pacientes de esta fobia, el miedo que sienten es percibido como una manera de preservar su vida.
En la mayor parte de ocasiones, son los casos que leemos en prensa, vemos en televisión o conocemos a través del cine los que suelen aparecer en nuestras pesadillas quirúrgicas.

Una cierta inseguridad respecto a lo que nos puede ocurrir en el quirófano es inevitable, siempre y cuando ésta no afecte nuestro ánimo.

Esta misma semana, Leo Benedictus publicaba en su columna de The Guardian cuáles son las pesadillas médicas más frecuentes, pero otros libros como "Overcoming Medical Phobias: How to Conquer Fear of Blood, Needles, Doctors and Dentists" (New Harbinger Publications) señalan de qué manera se pueden solucionar los peores casos de Miedo a los Procedimientos Quirúrgicos.

Pero, ¿cuáles son las posibilidades que más nos inquietan a la hora de acudir a un profesional médico?
  • Equivocarse de órgano al operar.
El Defensor del Paciente señaló en su informe de 2012 que durante los últimos años, el número de casos en los que el cirujano había operado el órgano sano y no el enfermo se encontraba en aumento, como declaró la portavoz de la organización, Carmen Flores, que relacionaba esta mala práctica con “el estrés bajo el que viven los profesionales sanitarios”.

  • Equivocarse de paciente al operar.
Suena mucho más extraño que el caso anterior, pero también se han dado casos en nuestro país. En 2011, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana se vio obligado a indemnizar con más de 30 mil euros a una mujer hospitalizada en el Hospital de Alcoy, después de que le fuese realizada la cirugía que en realidad correspondía a su compañera de habitación. Sin embargo, el Defensor del Paciente define este caso como algo que “se escapa a las estadísticas” y que no tiene parangón en la historia de la medicina española.

  • Dejar material médico dentro del paciente.
En lo referente a este tema, las historias referidas por los medios de comunicación han jugado un importante papel. Es el caso, por ejemplo, de una mujer francesa que vivió con unas tijeras de diez centímetros insertadas en su abdomen durante seis meses, hasta que se percató de la presencia del objeto tras un ataque de tos. Mucho más frecuente es no retirar por completo todas las gasas, algo que puede dar lugar a graves infecciones.

  • Caer en manos de un doctor loco.
 Algunas historias parecen salidas ya no de nuestras peores pesadillas, sino de la imaginación más retorcida de los grandes maestros del terror. Es, por ejemplo, lo que ocurrió en Rumanía, cuando el cirujano que estaba operando a un paciente con el escroto dañado sufrió un derrumbe psicológico (atravesaba una mala época), amputó el pene del enfermo y lo cortó en rodajas. En compensación, la castrada víctima recibió un nuevo transplante y casi 150 mil euros de indemnización.

  • Que pierdan a tu hijo después de dar a luz.
Se trata de un miedo en muchas ocasiones infundado, que surge de la inseguridad que siente toda madre una vez ha alumbrado a su retoño, al que necesita proteger pero del que se ve separada poco después de nacer. Los procedimientos de funcionamiento de los hospitales se han propuesto reducir esta inseguridad favoreciendo el contacto continuo con el niño, y hay pocos casos en los que un bebé haya sido confundido en la sala de maternidad, más allá de los casos de “niños robados”.

  • Despertar en mitad de la operación. 
Se trata de uno de los miedos más acuciantes que siente aquella persona que ha de entrar en quirófano, puesto que tendemos a pensar que el paciente bajo anestesia se encuentra en el mismo estado que el que está dormido, aunque no sea así. Las leyendas sobre el despertar intraoperatorio han circulado de boca en boca durante la última década, y se ha llegado a afirmar que una de cada mil personas bajo anestesia general lo sufren.
Historias como la de Carol Weihrer, que se despertó mientras taladraban y cortaban su ojo en una operación oftalmológica, han corrido como la pólvora en la red. Sin embargo, los datos arrojados por una encuesta realizada por el Colegio Real de Anestesistas inglés tranquilizará a muchos: en realidad, estos casos sólo ocurren una vez de entre cada 15 mil. Aun así, una cantidad lo suficientemente alta para inquietar a los hipocondriacos.

  • Miedo al dentista.
Quizá no sea una de las peores pesadillas que se nos puedan ocurrir, pero una de las manifestaciones más habituales del Miedo a los Procedimientos Médicos (Fear of Medical Procedures) es el que compete a nuestra boca.
Muchas veces, este terror nace en la infancia, ya que, como señalaron los psicólogos H.R. Chapman y N.C. Kirbey-Turner, “los niños pueden encontrar apabullantes los olores y sonidos de las herramientas de los dentistas”. Ello da lugar a una percepción negativa de este tipo de estímulos, que puede prolongarse en la edad adulta; aunque como señalan las investigaciones, este miedo suele reducirse con la edad, ya que es mucho más frecuente a los veinte años que a los cincuenta

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