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(517) LA ADICCIÓN A LA WEB ES CONSIDERADA UNA ENFERMEDAD MENTAL

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La edición 2013 de ´El manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales´ incluirá la ciberadicción en el grupo de condiciones que requieren de estudios adicionales.
Los expertos reconocen ciertas analogías entre la adicción a Internet y el juego patológico, la adicción al tabaco, el alcoholismo o las compras compulsivas, con la salvedad de que en una persona "enganchada" a las redes sociales no existe una sustancia responsable de la conducta adictiva.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) -
El trastorno causado por el uso desmedido de Internet entrará en la lista de enfermedades mentales de una enciclopedia psiquiátrica internacional. Los menores de edad corren particularmente el riesgo de contraer este trastorno. La edición 2013 de ´El manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales´ incluirá la ciberadicción en el grupo de condiciones que requieren de estudios adicionales.

Los psicólogos creen que la adicción a Internet se debe categorizar como otros trastornos de adicción por tener síntomas semejantes, tales como dificultades para concentrarse y el síndrome de abstinencia.

Son frecuentes las quejas de padres de que sus hijos se enfadan si se les retiran sus dispositivos electrónicos. En algunos casos los niños prefieren los videojuegos a la comida o la interacción social.

Los sicólogos instan a que se amplíe el diagnóstico del trastorno y no se limite sólo a la adicción a los videojuegos. Eso podría también ampliar la envergadura de la edad de los que sufren tales trastornos.

Para los niños la adicción a los videojuegos es un asunto obvio. Pero en general, el uso excesivo de tecnologías podría presentar un problema potencial”, expresó Mike Kyrios, el director del centro australiano de investigaciones del cerebro y ciencias psicológicas, citado por el periódico 'Sydney Morning Herald'.

Australia fue uno de los primeros países en reconocer el problema de la ciberadicción y abrir clínicas para tratar la adicción a los videojuegos.

En los últimos años la adicción a juegos ´en línea´ en algunos casos aparecía en las portadas, captando la atención internacional.

En 2009, Daniel Petric, de 17 años, mató a tiros a su madre e hirió a su padre en el estado de Ohio (USA), quienes le habían retirado el videojuego 'Halo 3' por creer que jugaba demasiado. Chris Staniforth, de 20 años, murió de embolia pulmonar en 2011 al haber jugado con su Xbox por 12 horas.

En 2012, otro adicto a los videojuegos murió tras jugar por 40 horas en un cibercafé en Taiwán.
Pero tal conducta no se limita solo a los menores. Una pareja coreana fue arrestada en 2010 luego que su hijo muriera de hambre mientras ellos jugaban durante horas a un videojuego. Paradójicamente, el juego incluía criar a un niño virtual.


La adicción
Los expertos reconocen ciertas analogías entre la adicción a Internet y el juego patológico, la adicción al tabaco, el alcoholismo, o las compras compulsivas, con la salvedad de que en una persona "enganchada" a las redes sociales no existe una sustancia responsable de la conducta adictiva.

El psiquiatra Federico Tonioni explica que "el uso patológico de Internet provoca síntomas físicos muy similares a los que manifiestan los toxicómanos en crisis de abstinencia", que se traducen en ansiedad, depresión y miedo de perder el control de lo que ocurre en Internet. Los síntomas: pérdida de las relaciones interpersonales, cambios de humor, alteración de la percepción temporal, empleo compulsivo del medio, el 'fetichismo tecnológico', la privación del sueño y problemas físicos de diversa naturaleza como dolor de espalda, vista cansada, etc.

La línea que separa un hobby de una adicción es muy delgada. Una persona que se sienta fascinada por las redes sociales, donde invierte cantidades ingentes de tiempo con la posibilidad de aprender, fomentar la creatividad y comunicarse estaría dentro de las pautas que conlleva cualquier otra afición. Los problemas surgen en el punto en que se traspasa el uso de la tecnología y aparecen las consecuencias derivadas directamente de la actividad.

Según el catedrático Enrique Echeburúa la adicción llega cuando esa afición "interfiere en tu vida cotidiana o no se busca esa conducta para pasarlo bien, sino para no pasarlo mal".
Las adicciones relacionadas con la Red se agrupan en cinco tipos:
  • la sexual (dependencia del sexo virtual o la pornografía)
  • la relacional (relativa a las redes sociales)
  • la compulsiva (adicción a los juegos de azar, las compras, etc)
  • la adicción a las descargas (búsqueda compulsiva de información) y
  • la dependencia de los ordenadores (relacionada con los videojuegos).
En general, en el caso de las redes sociales el perfil del adicto es un joven, varón, con un elevado nivel educativo y cultural, y habilidoso en el uso de la tecnología informática.
Se apunta a la timidez como uno de los rasgos habituales, ya que el sujeto encuentra en el ciberespacio la posibilidad de liberarse de la ansiedad producida por las relaciones sociales cara a cara, ganando en autoconfianza, dado el relativo anonimato que proporciona Internet.

El profesor de psicología John Suler señala en esta línea que aquellos que frecuentan los foros, chats y redes sociales tienen en común la búsqueda de estimulación social. Las necesidades de filiación, de ser reconocidos, poderosos o amados subyacen a este tipo de utilización de la Red.


Cómo "desengancharse"
Los adictos al chat, las redes sociales o al email pueden mejorar súbitamente en el momento en que sus necesidades de comunicación en la vida real aumenten o bien cedan las circunstancias que las restringen.

Uno de los numerosos departamentos médicos que van arreciando para tratar al «ciber-adicto» se encuentra en el Policlínico Agostino Gemelli de Roma. Los pacientes acuden sólo durante el día a un ambulatorio en el que se sigue un riguroso protocolo de intervención.

El objetivo siempre es reinsertar progresivamente al enfermo en un grupo de rehabilitación para «reactivar su contacto con la vida y con los demás».
No en vano, el abuso de la Red ha podido arrastrar al paciente a la creación de una identidad ficticia, el aislamiento social y hasta a la obesidad derivada del sedentarismo, entre otras consecuencias.

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