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08- NECESITO APRENDER A DECIR “NO”



NECESITO APRENDER A DECIR “NO” - Iris Herrera de Milano

“Voy a ocuparme de lo mío”

CASO DE LA VIDA REAL

Mes de Febrero

---Tía María, ¿podrías servirme de Garante del préstamo bancario para comprarme el vehículo que necesito para poder ir al trabajo?

--- ¡Por supuesto, Rosita, tú eres mi sobrina preferida!

Mes de Junio

Tres meses después, María recibe la notificación del Banco de que debe pagar el monto adeudado por Rosita, quien todavía no ha pagado ninguna cuota del préstamo que le otorgaron. Contrariada llama a su sobrina y le reclama. Rosita, sin rubor alguno, le dice:

---Bueno, tía, págales tú porque yo no tengo dinero… y si quieres puedes devolver el carro, total no es que no pueda vivir sin eso..

Ahora, María está muy molesta porque va a tener que pagarle al Banco con el dinero que había ahorrado para reparar la filtración del techo de su casa … Y lo peor fue la sorpresa que se llevó con la actitud de la sobrina que hasta ese día había sido su preferida

¡Cuán distinta sería la situación si María, desde el momento en que recibió la petición de Rosita, le hubiera dicho:

---Rosita, siento no poder ayudarte en esta oportunidad. Tú eres mi sobrina preferida y mi situación financiera no me permite comprometerme para garantizar un préstamo bancario. Te sugiero que ahorres para que reúnas un buen monto inicial y luego solicites el préstamo al banco. ¡Suerte!

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¿Alguna vez me ha ocurrido algo similar?

¿Qué me lleva a aceptar casi automáticamente las solicitudes que mis seres queridos o algunas amistades me hacen?

¿Qué “procesos internos” me llevan a comportarme de maneras que después lamento y que me hacen sentir como una verdadera Víctima?

Una explicación es que, al recibir las “solicitudes de ayuda”, se dispara en la persona todo un mecanismo por el cual esas “solicitudes” estimulan su conducta complaciente -aprendida y reforzada en el entorno familiar y social a lo largo de su vida- basada en falsas creencias acerca de sí misma y de los demás, tales como:

o “soy la persona que puede sacar del problema a mi sobrina”

o “el amor al prójimo debe estar por encima de todo”

o “la solidaridad es lo que nos hace mejores seres humanos”

o “hoy por ti mañana por mí”

o “yo necesito arreglar la casa, pero a ella le urge su carro y no tiene a más nadie que la ayude”

o “mi sobrina no tiene el dinero y yo no puedo quedar mal delante de ella”

o “qué diría la gente si se enteraran de que le negué la ayuda a mi familiar más querido”

o “me remordería la conciencia si no ayudo a otra persona en un momento de necesidad”

o etc.


Con esta clase de argumentos busco justificar una decisión que en realidad pudiera explicarse de alguna de estas maneras:

  • una combinación de mi creencia de que soy superior al otro, con una descalificación (negación implícita) de la capacidad que la otra persona tiene para resolver sus problemas
  • la postergación que hago de mis propias necesidades, anteponiendo las de los demás
  • mi convencimiento de que estamos en el mundo para servir a los demás, al precio que sea.

Si alguna de las frases que acaba de leer hace que se enciendan en su mente algunas luces rojas y suenen alarmas, es probable que haya llegado el momento de plantearse cómo evitar seguir repitiendo esa conducta complaciente que, con cierta frecuencia, le produce como resultado un lamento final de Víctima y un cierto grado de alejamiento de ese familiar o amigo.

Aclaro: No estoy promoviendo la falta de sensibilidad cuando nos encontramos ante personas con verdaderas necesidades; sino que enfatizo la necesidad de aprender a diferenciar entre necesidades verdaderas y manipulaciones llevadas a cabo por otras personas (que pueden ser o familiares, o amigos, o líderes religiosos o políticos, o simples desconocidos) para conseguir que nos comportemos complacientemente.

Un importante elemento de manipulación es la lástima. La otra persona nos muestra una necesidad, nosotros interpretamos que está desvalida, y de inmediato nuestro receptor de lástima se activa para resolverle el problema.

Cuando estemos en una situación así, estemos atentos a nuestra reacción corporal, a nuestros gestos, a nuestras palabras, ya que generalmente se “activan” siguiendo un cierto protocolo, un orden pre-establecido, hasta desembocar en la oferta que le hacemos a esa persona generadora de lástima de resolverle el problema. ¡Nos sentimos como Salvadores de esa Falsa Víctima!

Necesitamos sobrevivir y necesitamos, además, permitirle a las otras personas que tengan ese mismo aprendizaje.

Necesitamos aprender y estar conscientes de que nuestro rol no es el de Salvadores del Mundo y que los demás también saben -y muchas veces mejor que nosotros- cómo actuar adecuadamente en las distintas situaciones y resolver sus problemas.

Necesitamos aprender a organizar nuestras vidas y a estructurar nuestro tiempo de manera tal que sea productivo y de utilidad para nosotros mismos.

En una ocasión ví un graffiti muy apropiado:

“Ayúdame Dios mío a no meterme en lo que no me importa”.

Esa frase es un excelente resumen de lo que quiero decir con el título de Aprender a decir No:

-- aprender a reducir la curiosidad acerca de las acciones de los demás

-- aprender a ocuparme de mis asuntos

-- aprender a dejar que los demás resuelvan sus problemas

-- aprender que hay límites entre los “territorios” de las personas

-- aprender a no interferir en decisiones que no me competen

-- aprender a no entrometerme en lo que no me concierne

Si aprendo y practico estos principios hasta volverlos parte de mi vida diaria, muy probablemente voy a dejar de ser la “víctima profesional” que he sido hasta ahora, por ese hábito de estar ayudando a quienes no necesitan mi ayuda, ya que tienen la suficiente capacidad para valerse por sí mismos aunque yo no haya querido darme cuenta de esa realidad.