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4 - LA DEMONIZACIÓN DE LA VEJEZ Y LA MUERTE


LA DEMONIZACIÓN DE LA VEJEZ Y LA MUERTE
Iris Herrera de Milano

“Diferentes en la vida, los hombres son semejantes en la muerte”.
Lao Tse

Desde hace unas décadas hemos venido asistiendo a una especie de “demonización” de los que no es más que una etapa del curso de la vida de TODA persona: la vejez, llegando a ser considerada, incluso, como una enfermedad.
Igualmente, hemos asistido al rechazo -a veces patológico- de un hecho aún más inevitable y natural: la muerte

Luego de miles de años de vida humana sobre el planeta y de miles de millones de personas que han dejado de existir, todavía no hemos aprendido a aceptar estos hechos: la vejez y la muerte.

Algunos de nosotros nos aferramos a una imposible juventud, ponemos en peligro nuestra salud -cirugías estéticas, transplantes innecesarios, alargamiento de miembros, inyecciones de botox que a veces nos dejan sin expresión facial, cirugías extremas, etc- con tal de conseguir un tiempo extra de supuesta juventud, de dudosa calidad. Por otra parte, rechazamos patológicamente el hecho más inevitable de nuestra vida, que puede ocurrir en cualquier momento y a cualquier edad: la muerte

A mediados del siglo XX todavía la gente asistía en sus propias casas a algunos miembros de la familia que caían enfermos y, hasta podía ocurrir que la gente muriera en su cama tras alguna enfermedad. De la misma manera, en esa época era común que el velatorio fuera en la casa de familia del difunto.
Esto permitía a todos los miembros de esa familia -niños, jóvenes, adultos y ancianos- experimentar por sí mismos y conocer las consecuencias de la enfermedad, estar cerca del moribundo y, luego, del fallecido.
La muerte era algo aceptado y esperado. Era una enseñanza natural de aceptación, de comprensión de los límites de la acción humana posible.

Hoy día, raras veces es así. Las personas no tenemos la oportunidad de convivir sanamente con un fenómeno tan natural como la muerte.
Si catalogamos al período vital de la vejez como una enfermedad, ¿cómo se supone que vamos a aceptar la muerte?

Tenemos mucho camino por andar. Somos personas cada vez más civilizadas pero insistimos en nuestra ignorancia acerca de esos hechos que van asociados al acto mismo de nuestro nacimiento: vejez y muerte.

Probablemente convendría que, desde la escuela primaria, recibiéramos una materia formativa sobre Transcurso Normal de la Vida y que –desde niños, hasta con nuestras mascotas y animales de trabajo- empezáramos a tener conciencia del desgaste natural de los cuerpos vivientes y de la finalización esperada de su ciclo vital, y que ninguno de nosotros está exento de ellos.

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