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(363) YOGA: LA OTRA CARA DE UN NEGOCIO MILLONARIO


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CIUDAD DE BUENOS AIRES
Veinte millones de personas practican yoga en USA. Ya no se trata únicamente de una disciplina física y mental, sino de una industria que sólo en ese país deja ganancias de hasta US$ 5 mil millones por año.
Por eso no es de extrañar el malestar que desató un artículo publicado por el New York Times que desaconseja la práctica de esta técnica extendida por todo el mundo.

La nota, firmada por William Broad, alegaba que un "gran número" de estudiantes e incluso "profesores famosos" se estaban perjudicando con movimientos de yoga"ambiciosos y mal enseñados".

No es una idea del periodista especializado.
En su artículo, Broad cita a Glenn Black, un veterano neoyorkino en el arte del yoga, que contó que debido a la práctica de los ejercicios tuvo una severa lesión en su espalda al cabo de 2 años.
Black no dejó lugar a dudas: "la gran mayoría de las personas debería abandonar totalmente el yoga" porque es sumamente probable que les cause grave daño, afirmó.

La reacción no tardó en llegar.
El conocido grupo Ashtanga de Nueva York respondió con un artículo en su propio sitio titulado "The New York Times puede arruinar el yoga". Mientras tanto, la controversia se convirtió rápidamente en objeto de cientos de estudios en toda la ciudad y cientos de miles en todo el país.

"Pensé que era un insulto a la comunidad del yoga", dijo el terapeuta y masajista Eddie Rodríguez, que dirige la terapia física Maio en Nueva York. Pero Rodríguez reconoció que muchas clases de yoga están colmadas y la mayoría de las personas no es consciente de que muchos profesores no están bien capacitados a pesar de no parecer.

Según consigna Wikipedia, se considera que cometen 'Yoga Piracy' (Piratería del Yoga) muchos instructores de fitness no indios, que reclaman derechos de propiedad sobre posturas de yoga encontradas en textos antiguos con orígen en la India.
La enciclopedia online cita el caso de Bikram Choudhury como un ejemplo de la industria montada sobre una disciplina milenaria con sus más de 750 escuelas de yoga en todo el mundo.

El documental 'Yoga Inc' de Jon Philp de 2007 muestra al yoga como fenómeno comercial. "Cuando una industria es tan importante (como el yoga), su comercialización es inevitable. Siempre habrá gente que girará en torno a ella para llenarse los bolsillos", dijo el Philp cuando presentó su película.

En 2003, Bikram amenazó con demandar a un grupo de profesores de yoga a los que acusaba de violar sus derechos de autor, ya que imitaban las 26 posturas que presuntamente inventó. Dos años más tarde, un juez californiano dio por terminado el pleito y aseguró que el "yoga Bikram" quedaba protegido.

Para proteger lo que considera suyo, el gobierno indio creó, por ejemplo, un sitio que detalla las prácticas tradicionales indias.


En Nueva York al menos, las historias de desastres con el yoga no son difíciles de encontrar.
La administradora de artes Elizabeth Bennett, de 45 años, tuvo una hernia discal en su cuello después de haber sido "intimidada" a permanecer de patas para arriba en un estudio de yoga en Nueva York. "Cuando yo dudé, él me dijo "miedosa". Muchos profesores quieren obligar a los alumnos a que vayan más allá en función de sus propios egos", dijo.

A pesar de tener obra social, terminó gastando cerca de US$ 8 mil de su bolsillo en acupuntura y meses de kinesiología, para librarse del dolor.
Bennett añadió que las personas confían en el yoga y lo tienen como una fuente de curación, y no de lesiones, pero ahora están aprendiendo a ser más escépticos y cuidadosas al elegir un estudio.

Los expertos en anatomía también advierten -al igual que el artículo Broad- sobre los riesgos de las posiciones invertidas, que pueden forzar las vértebras cervicales o restringir el flujo de sangre a la cabeza, de forma aguda o progresiva.

David Patane atiende aproximadamente 10 clientes al año con lesiones recientes o antiguas de yoga en su empresa Physique, de ejercicios correctivos, movimiento y estilo de vida en Manhattan.
Él dice que la era de la informática trajo malas posturas y cinturas gruesas para muchas personas, que se exponen a lesiones cuando se levantan rápidamente de su silla y comienzan a moverse, sin pensar, en posiciones que estiran el cuello y la espina lumbar a veces debilitados.

En un sector donde rápidamente se obtiene un certificado y no hay ninguna licencia oficial, los profesores de Yoga puede llegar a ser "calificados", con un curso online de 200 horas.

"Muchos profesores están abandonando la formación y ni siquiera conocen los tres diferentes músculos de la pantorrilla", dijo Emilia Conradson, que pasó de profesor en la escuela de yoga Forrest a su propia empresa de terapia Body in Balance, en Nueva York, que también se ocupa de las lesiones de yoga. "El yoga tiene que ver con lo físico y con lo espiritual, y necesita ser seguro".

Otros expertos culpan a la "Occidentalización" del yoga, más como un ejercicio que una práctica holística.

Hasta Tulsi, aún furiosa con la naturaleza inflamatoria del ataque de Broad, admite que el debate es oportuno. "No es el yoga, es la mala traducción o la mala enseñanza de yoga que es el problema ", dijo.

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