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(281) PADRES E HIJOS HIPERCONECTADOS: ¿ADOLESCENTES QUE NUNCA APRENDEN A VALERSE POR SI MISMOS?

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Caracas, (Intopress)

Padres e hijos hiperconectados pueden formar adolescentes que nunca aprenden a valerse por si mismos, advierten especialistas

Barbara Hofer, profesora de psicología del Middlebury College y Abigail Sullivan Moore, autoras del libro 'The iConnected Parent' analizan cómo cambiaron las relaciones luego de que los padres adquirieron también teléfonos inteligentes y cuentas de Facebook, y aprendieron a utilizarlos.

Mensajes de texto, pinchazos de celular, Facebook, las nuevas tecnologías permiten mantener a los hijos conectados a sus padres todo el tiempo, incluso cuando están en el colegio o la universidad, un fenómeno que nunca se vio en las generaciones anteriores, pero el peligro, dicen los expertos, es criar a adolescentes que nunca aprenden a valerse por sí mismos.

El gran plazo final para que los alumnos de último año de secundaria escojan una universidad se acerca. En Estados Unidos, muchos padres ya están pensando alegremente que tendrán que lavar menos ropa o cómo sus cuentas de fin de mes disminuirán. Como muchos adolescentes se trasladan hacia otros estados, una gran interrogante de estos padres es cuán seguido se mantendrán en contacto con sus hijos.

No ha pasado tanto tiempo desde que los padres llevaban a sus hijos adolescentes a un campus universitario, los despedían con lágrimas y luego regresaban a sus casas para esperar pacientemente por una semana o más para recibir una llamada telefónica del hijo estudiante. Los padres solían escribir cartas, sí, escribir cartas, incluso con lapiceros. En papel y sobre de carta.

Pero ir a la universidad en estos días, o incluso al colegio día tras día, significa no despedirse jamás. La razón es la casi saturación de teléfonos celulares, correos electrónicos, mensajes instantáneos, mensajes de texto, Facebook y Skype con que cuentan los jóvenes para mantenerse conectados con sus padres. Lo cual tiene su lado bueno, pero también su lado negativo.

Los investigadores ya han comenzado a analizar cómo las nuevas tecnologías pueden postergar el proceso de autonomía de los jóvenes con respecto de sus padres. Cómo la introducción de planes ilimitados de llamadas ha comenzado a cambiar la naturaleza de las relaciones padre-hijo, y no siempre para mejor.

Cualquier momento es propicio para comunicarse con los padres: por ejemplo, mientras los adolescentes se cambian de clase en clase, rumbo al gimnasio, un recreo: siempre pueden encontrar algunos minutos que permitan una llamada a la oficina de la mamá o del papá para quejarse por la clase de un profesor o avisarle que después de clases se irán a la casa de algún compañero. Los padres, por su parte, pueden no esperar a que sus hijos regresen del colegio para enviarle noticias familiares a través de un correo electrónico o un mensaje de texto.

Los mensajes de texto diarios no son algo poco común. Qué bonito, podría pensar usted. Y podría tener razón, ya que un estudio indica que los jóvenes de hoy son más cercanos a sus padres que sus predecesores. Pero resulta complicado.

Sherry Turkle es profesora del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y su especialidad es la tecnología y las relaciones. Ella llama al actual fenómeno "el momento Huck Finn". ¿Por qué? Porque hay una parte en que Huck se lleva a sus padres con él. "Así todos navegamos juntos por el Mississippi", dice Sherry Turkle.


La consecuencia del control

Hoy muchos colegios, a través de la web, permiten que los padres lleven un completo monitoreo electrónico sobre las notas, asistencia, anotaciones y conducta de sus hijos. Todo un completo registro académico por internet. Ha sido también un pequeño salto tecnológico que las escuelas envíen comunicaciones o recordatorios sobre reuniones o plazos a los apoderados.

Pero eso también tiene su lado complicado. Algunos profesores creen que la facilidad de la tecnología entrega a los adolescentes la posibilidad para que durante la hora escolar puedan enviar por correo electrónico algunos trabajos a sus casas o a la oficina de sus padres para que se los revisen y corrijan antes de entregarlos. Y Skype y Facebook podrían ser más que sólo posibilidades de ver un rostro que se echa de menos en casa: los padres pueden escudriñar el desordenado dormitorio de su niñita o la desordenada vida social de su niñito si es que es universitario y no vive con ellos.

Expertos señalan que el origen de este cambio en la relación padre-hijo se remonta al 11 de septiembre de 2001, cuando entre otras cosas, aumentó la angustia de los padres por no estar en contacto con sus hijos. Esto, unido a las elevadas mensualidades de los colegios o universidad, puede amenazar la buena disposición de los padres para permitir que los hijos cometan errores a medida que aprenden cómo ser adultos.

Todo se resume en el control, dicen los expertos: "Muchos universitarios y escolares de hoy han vivido con horarios tan programados, que cuando sean adultos quizás tal vez no sepan qué hacer con el tiempo libre y la soledad", dice Barbara Hofer, profesora de psicología del Middlebury College y autora junto con Abigail Sullivan Moore del libro "The iConnected Parent".

Las autoras han analizado cómo han cambiado las relaciones entre padres e hijos en los últimos años luego de que los padres adquirieron también teléfonos inteligentes y cuentas de Facebook, y aprendieron cómo utilizarlos. "Vemos una enorme diversidad en las relaciones. Algunos padres siguen apegados al viejo estilo, pero lo que sí apreciamos es que los adolescentes de hoy están creciendo más fuertemente con la idea de que no tienen que separarse de sus padres. Es una nueva adolescencia que no necesariamente incorpora el tipo de separación que se solía considerar en el pasado. Así, algo que en el pasado era considerado casi patológico hoy se está convirtiendo en la norma, jóvenes siempre conectados con sus padres", dice la profesora Sherry Turkle.

La psicóloga Barbara Hofer junto con algunos colegas hicieron un estudio con alumnos de Middlebury en Vermont y en la Universidad de Michigan, dos escuelas diferentes en muchas formas. Pero en ambas, los padres y los estudiantes mantenían un contacto frecuente, un promedio de más de 13 veces por semana, con sus hijos.

"Lo único que he tratado de hacer con gran esfuerzo es que ésta no sea una historia sobre la atención excesiva de los padres sobre los problemas de sus hijos y una historia totalmente negativa. La calidad de las relaciones que muchos estudiantes tienen con sus padres es realmente muy notable. Eso es lo que reportan tanto padres como estudiantes", asegura Barbara Hofer.

Pero el camino hacia la independencia, afirma, crea todo tipo de momentos difíciles para ambas generaciones. A los padres de los adolescentes de hoy les aconsejaron que se involucraran en las vidas de sus hijos; que se comunicaran, comunicaran y comunicaran. Todas esas palabras cimentarían una relación cercana con sus hijos, pero el peligro es que no les entreguen las herramientas para que éstos aprendan a valerse por sí mismos. "El padre está en el marcado telefónico rápido, está en los favoritos", dice Turkle. "Esto los expone a las vulnerabilidades reales ahora y más tarde en la vida", agrega Hofer.

Impide, además, que los jóvenes resuelvan sus conflictos solos: "Escuchamos tantas historias de padres que cruzan los límites". Por ejemplo, al enviarles recordatorios de texto sobre trabajos que tienen que presentar. "Los padres perpetúan una sensación de que los estudiantes no tienen que pensar por sí solos porque alguien más está muy dispuesto -incluso feliz- de hacerlo por ellos".

¿Ha visto un comercial de televisión en que dos mujeres jóvenes no saben qué hacer con una lavadora que se desborda en forma abundante? Al final, una de ellas llama al papá. ¿El consejo de él? Desenchúfala. Un padre podría reír y llorar ante la idea de que a un adulto joven no se le pudo ocurrir eso.

Hofer menciona a una alumna que estudia en una universidad lejos de sus padres, que no sintió nostalgia en el primer año, pero cuando estaba en segundo año su madre aprendió a utilizar Skype y colocó el computador en el piso de la cocina de modo que su hija podía ver al perro de la familia cuando andaba por ahí. "Eso me llevó directo a la cocina de mi mamá", dijo la niña a la investigadora, lo que hizo que comenzara a extrañar su hogar.


La tentación Facebook

Una noche, hace poco, ocho alumnos de Pomona se reunieron en torno a una mesa para conversar sobre lo "conectados" que estaban con sus padres. Estaban en contacto a través de correo electrónico o mensajes de texto o Skype; tecnologías que algunos padres aprendieron a través de sus hijos. Varios manifestaron que mantenerse en contacto hacía que la transición a la universidad fuera más fácil.

El alumno de primer año Tim Kung, de San Diego, contó que sus padres "fueron realmente muy considerados" con respecto a su deseo de "eliminarlos como amigos" de Facebook. "El hecho de hablar en forma no tan frecuente hace que sus conversaciones sean mucho más significativas", aseguró.

Es difícil para los padres evitar la tentación de entrar cuando saben por un comentario en Facebook, como lo expuso Edward Chuchla, cuya hija se graduó en mayo de Pomona, en una entrevista telefónica, "sobre lo estresante que fue escribir la versión 927 de una tesis política". A veces, confiesa, él se traga el anzuelo. "Si ponen algo provocador, tomamos de inmediato el teléfono", precisó. "Simplemente los llamamos para decirles que los queremos, y que estamos aquí por si nos necesitan".

Jamie Garcia, alumna de primer año de Rosemead, dice que aceptó como amiga a su madre en Facebook, pero agregó: "No me preocupa porque ella no sabe cómo funciona. Probablemente tiene cinco amigas". Su madre, Susan, no obstante, es aficionada a los mensajes de texto. "Recibo un mensaje de mi mamá todas las noches, en el que me da las buenas noches. Así es que se lo respondo, como una señal de que estoy viva, que llegué al final del día", dice Jamie. Susan Garcia dice que le tranquiliza la idea de que puede contactarse con su hija fácilmente. Aun cuando Jamie sólo se trasladó a 56 kilómetros y su familia va a verla a los juegos de softball.

Katie Bent, alumna de segundo año, llama a casa, a Seattle, semanalmente. "Me encantaría estar en contacto con mis padres muy a menudo, pero también creo que éste es el momento en que se supone que estoy aprendiendo cómo se funciona sin ellos", dice.

El semestre pasado se le rompieron los lentes, que implicó buscar un oftalmólogo en su nueva ciudad. "Lo que hice fue llamar a mi mamá y preguntarle qué hacía". Su mamá encontró un médico y le hizo una cita.

El padre de Katie, Sam Bent, dice que si bien él y su esposa están mucho más en contacto con Katie que lo que él estuvo con sus padres cuando salió de la casa, considera que es importante no hablar con la hija muy a menudo. "Yo no llamo a Katie a menos que crea que es importante. Ella está en la universidad, está realmente ocupada. No la llamo simplemente para contarle un chiste. En cierto sentido estoy contento de que ella no llame todos los días. Está aprendiendo a resolver sus problemas".

Caitlyn Hynes, la menor de tres hijos, tiene muchísimo contacto con su familia en Upland, no sólo por teléfono o mensajes de texto, sino personalmente. Su padre la lleva a clases de béisbol porque ella no tiene auto. Caitlyn dice que su madre podía llamarla para decirle: "Deberías acostarte luego". Eso ha impulsado a la joven a preguntarse "¿cuándo voy a poder tomar realmente estas decisiones por mí misma? No tengo dos mundos separados, la casa y la escuela. En cierto modo es como estar en el colegio de nuevo. No es que yo no quiera saber de ella, sino que necesito un sentido de independencia".

Edward Chuchla quiere conversar con sus hijos, sentirse cerca de ellos, aconsejarlos cuando se lo pidan. Él y su esposa también han tratado de seguir el consejo que les dio el decano cuando dejaron a su hija Grace en Pomona College hace cuatro años: retrocedan; eviten ser de esos padres que viven pendientes de los problemas de sus hijos. "Nos preocupamos mucho de que la comunicación sea en los términos de ellos", precisa Chuchla, cuyo hijo, Ben, está terminando su segundo año en Dartmouth.

Una vez, confiesa, llegó demasiado lejos. Cuando su hija dejó su universidad para hacer un semestre en Oxford, tuvo problemas para conseguir un permiso para sacar libros de la biblioteca. El problema no se resolvía, así es que Chuchla envió un correo electrónico a la oficina de estudios internacionales. Cuando Grace se comunicó con él, el mensaje fue: "Te mato si haces eso de nuevo".

Ambas generaciones están encontrando su camino a través de la transición a la adultez a medida que los avances tecnológicos ofrecen incluso más formas de conectarse. "Estamos todos juntos en esto", asegura Turkle, del MIT. "Estamos todos un poco desorientados ante estas nuevas posibilidades".

"Los padres perpetúan una sensación de que los estudiantes no tienen que pensar por sí solos porque alguien más está muy dispuesto -incluso feliz- de hacerlo por ellos", advierte la psicóloga estadounidense Bárbara Hofer.

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