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(257) SAL: ¿DEMONIZADA SIN MOTIVOS?

Por El Mundo España

www.informe21.com

La dieta muy baja en sal también puede ser perjudicial para la salud


La guerra contra la sal en la dieta se declaró hace ya décadas en los países desarrollados, sin que al parecer fuera del todo 'científicamente' justa. Prueba de ello es la controversia que se ha suscitado este año con la publicación de varios artículos que cuestionan la restricción de su consumo en pro de reducir la tensión arterial y así disminuir también el riesgo cardiovascular.

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El primero en sembrar la polémica veía la luz el pasado mayo. La revista 'The Journal of American Medical Association' (JAMA) se hacía eco de un trabajo liderado por Jan Staessen, de la Universidad de Leuven (Bélgica), que determinaba que los participantes sanos que más sodio consumían no tenían más riesgo de morir del corazón o por culpa de un ictus, en comparación con los más recelosos con la sal. Sin embargo, tal y como este experto ha declarado a ELMUNDO.es: "la patología cardiovascular fue un 56% más elevada en las personas que menos sal ingerían".

El trabajo contó con la participación de 3. 681 sujetos de entre 20 y 60 años a los que se les midió el consumo de sal a través de un análisis que midió su secreción en la orina. Así, los científicos los dividieron en 3 grupos: los que más sal consumían, los que menos, y los que ingerían una cantidad normal.

Ninguno padecía enfermedad cardiaca previa y dos tercios presentaban una tensión arterial normal.

El seguimiento duró ocho años.

Según constatan los autores en sus conclusiones: la presión sistólica (tensión máxima), pero no la diastólica (mínima) aumentaba a medida que lo hacía el consumo de sal en el tiempo, pero de forma poco significativa; "por lo que no puede traducirse en un mayor riesgo de hipertensión o complicaciones cardiacas".

Concretamente, y tal y como afirma el director del ensayo: "podemos extrapolar nuestros resultados a la población en general, pero no pretendemos cambiar las directrices para los pacientes hipertensos o para los que padecen insuficiencia cardiaca o cualquier otra patología cardiovascular, porque no es nuestra tarea.

Lo único que hemos observado es:

--que con el tiempo el consumo elevado de sal produce un efecto pequeño sobre la tensión arterial sistólica, pero no en la diastólica.

--El segundo hallazgo fue que los pequeños cambios en la presión arterial que vemos con el cambio de la ingesta, no se traducen en una mayor incidencia de hipertensión.

--Y la tercera conclusión, que fue una sorpresa para nosotros, era que el consumo bajo de sal se asocia con mayor mortalidad cardiovascular".


Desacuerdo

A Jan Staessen le han llovido las críticas. Se ha dicho que su trabajo contaba con un pequeño número de participantes, que eran demasiado jóvenes o que la secreción de sal en la orina no es una medida suficiente para conocer el consumo real de sodio de una persona.

Sin embargo, y pese a la retahíla de reproches pocos son los que no reconocen que la evidencia que vincula la sal a las enfermedades cardiovasculares siempre ha sido tenue.

La muestra más reciente de ello llegó la semana pasada de la mano del 'American Journal of Hypertension' . Rod Taylor, de la Universidad Exeter (Reino Unido), publicaba un estudio de revisión de la Cochrane (organización internacional, independiente y sin ánimo de lucro cuyo principal objetivo es asegurar que exista información sobre los efectos de las intervenciones sanitarias, realizada de forma rigurosa y periódicamente actualizada) en el que se analizaron siete estudios que contaron con una participación de 6.250 sujetos.

La conclusión: "no hemos encontrado pruebas sólidas que demuestren que la ingesta reducida de sal disminuya los ataques al corazón o los infartos cerebrales".

Pese a ello, el doctor Taylor reconoce:

"Nuestros hallazgos no deben ser tomados como evidencia de que reducir la cantidad es una mala recomendación. Pero en las personas con tensión arterial normal, los efectos de su disminución en la presión son muy pequeños y en aquéllos con una tensión de moderada a alta, los beneficios que se logran no son tan importantes como los que se consiguen con la medicación".

No obstante, este especialista matiza que "la probable explicación de que la reducción de sodio carezca de un gran impacto sobre la disminución de la tensión arterial o en la mortalidad es la dificultad que tienen las personas para seguir una dieta baja en este condimento durante muchos años. De hecho, es probable que los participantes en estos estudios al principio siguieran los consejos para reducir la sal, pero no fueron capaces de mantenerlos a largo plazo, lo que contribuyó a la falta de beneficios en su salud. Desafortunadamente, estos trabajos no continuaron el seguimiento de los participantes (su dieta o su secreción de sal en la orina), lo que significa que nuestra hipótesis no se puede verificar por completo".


Recomendación

Mario Ávila, cardiólogo especializado en hipertensión del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, reconoce que la polémica de si se debe recomendar o no la restricción de la sal para prevenir eventos cardiacos en la población sana "viene de muy atrás. Sin embargo, si preguntas a los especialistas si recomendarían a sus pacientes que no reduzcan su consumo, todos contestan rotundamente no. Lo que sabemos es que aún faltan estudios para cambiar las directrices actuales".

Recuerda este experto que la cantidad aconsejada "es de 3,6 gramos diarios. En España, el uso está entre tres y ocho gramos al día. Ha quedado claro que reducir su ingesta no tiene los efectos cardiovasculares que creíamos. Pero en pacientes hipertensos lo que sí está claro es que lo importante es tomar la dosis adecuada. No se trata de dejar de tomar sal, porque dosis muy bajas pueden ser perjudiciales, si no tomarla en su justa medida".

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