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Tres Tecnologías y dos escritores

Tres tecnologías, tres ejemplos.


1.- Mark Twain y la máquina de escribir. Carta dirigida a los fabricantes de la Remington.

Caballeros:

Por favor, no usen mi nombre de ninguna manera. De hecho, les rogaría que no dijeran a nadie que tengo una de sus máquinas. He dejado de usarla completamente, porque no puedo escribir una carta con ella sin recibir como respuesta una petición de que la describa, de los progresos que he hecho en su uso, etc. No me gusta escribir cartas, así que no quiero que nadie sepa que tengo esta pequeña broma generadora de curiosidad.

Suyo atentamente,

Saml. L. Clemens.


2.- Francisco Pimentel y un poema mandado por telegrama, se cobraba por cada palabra incluída la dirección. Era el Twitter de la época.


LA POESIA DEL PORVENIR

Sonetín Telegráfico


Fresca mañana primavera,

armada tijeritas plata,

cortar rara rosa escarlata

bajaste jardín escalera.

Hirió dedito flor ingrata

aguda espina traicionera

manchando púrpura ligera

blanquísimos encajes bata.

Vendando minúscula herida

también hiriéronme por vida

ojos tuyos sin compasión:

consolarte díjete quedo:

tú pinchádote sólo dedo,

pinchándome yo corazón.


3- También de Francisco Pimentel dedicado a las telefonistas, porque desaparecían por los teléfonos automáticos.


SEÑORITA TELEFONISTA


Señorita telefonista

jamás conocida de vista

que fuiste acaso

la primera mujer oficinista,

la primera que en Caracas

atrevióse a dar el paso inicial

que os ha hecho tanto bien...

y tanto mal.


Señorita

que tal vez eres bonita,

y no obstante

nadie tiene para ti frase galante,

que el más paciente suscritor se irrita

y contra ti protesta

y a veces de manera poco honesta

cada vez que le dices "no contesta".


Pobre esclava

cuya labor anónima ni se ve ni se alaba;

desdeñada muchacha que tienes el valor

de escuchar sin envidia tantos dúos de amor.


¡Cuántas veces nos habremos encontrado,

y en mi voz, familiar para tu oido,

habrás reconocido al abonado

de los reproches del color subido...

(Imperdonable villanía,

porque de sobra yo sabía

que al extremo del hilo una mujer había).


Y sin embargo,

y a despecho de tanto perillán

hasta hoy te has sostenido en ese cargo

por ganar un pan que, aunque amargo,

al cabo es pan.


Mas si el público es contigo

tan inmisericorde y antipático,

aún es peor otro enemigo:

el teléfono automático,

pues si éste no te recrimina

en cambio tus servicios elimina.


Tu retiro es inminente

y ora aguardas en perpetuo sobresalto que el gerente

te diga compungido: "Señorita,

la Compañía no la necesita".


Pero, no llores, no te apures,

es muy probable que no dures

tiempo excesivo en ese estéril ocio:

hallarás otro empleo, de seguro,

más amable, menos duro

y quién sabe hasta te cases

con el dueño del negocio...